La Peregrina

Porque por gracia sois salvos

Búsqueda personalizada
Diccionario bíblico
Página Principal
La Peregrina
Regresar al Listado de la Peregrina
Locations of visitors to this page


CAPITULO XXI
Los peregrinos se ven rodeados de delicias en el país de Beulah, y son llamados uno por uno a  pasar el río de la Muerte y entrar en la Ciudad Celestial.

Entretanto, los caminantes habían atravesado ya la Tierra-Encantada, y los vi llegar al país de Beulah, donde el sol brilla de día y de noche. Estando fatigados, se dieron por algún tiempo al descanso, y puesto que este país estaba sin reserva al obsequio de los peregrinos, y sus huertas y viñedos eran del Rey del País Celestial, les era permitido servirse libremente de cuanto había. Poco tiempo necesitaron allí para reparar sus fuerzas: las campanas se echaban de continuo a vuelo, y las trompetas no cesaban de herir el oído con sus notas melodiosas, de modo que nuestros viajeros no podían dormir, y, sin embargo, se sentían tan refrigerados como si hubieran dormido profundamente. En este lugar delicioso se oía continuamente decir a los que paseaban por las calles:
-Han llegado más peregrinos.
Otros contestaban diciendo:
-Y tantos han atravesado hoy el río, y han sido admitidos a las puertas de oro.
Mientras, otra voz anunciaba la llegada de una legión de seres resplandecientes, por lo cual se sabía que había más peregrinos en camino, pues que allí viene a aguardarlos, a poder consolarlos después de todas sus tribulaciones. Levantáronse entonces los peregrinos y se pasearon, o resonaban en sus oídos los sonidos celestiales y recreabanse sus ojos con visiones excelsas. En este país, sus sentidos, lo mismo que su espíritu, no recibían ninguna impresión desagradable; sólo cuando probaron el agua del río que habían de cruzar, les pareció algo amarga al paladar ¿aunque una vez pasada era más dulce.
Guardábase en este, lugar un archivo, en el que constaban los nombres de los que antiguamente habían sido peregrinos, junto con una relación de todas sus proezas. En el documento se consignaba que algunos, en el momento de atravesar el río, se habían encontrado con la marea alta, mientras que para otros había habido grandes reflujos; algunos lo habían pasado casi en seco, y otros lo habían hallado desbordado.
Los niños del pueblo solían entrar en los jardines del Rey y coger ramilletes, llevándolos á los peregrinos corno muestras de gran cariño. Allí crecían también la resina, el azafrán, el cálamo aromático, el árbol de canela, incienso, la mirra y aloes, con una gran variedad de especias. Con éstas las habitaciones de los peregrinos eran perfumadas durante su permanencia, y con las mismas eran ungidos sus cuerpos, a fin de que estuviesen preparados para atravesar el río cuando llegase el tiempo señalado.
En este sitio permanecían los peregrinos aguardando la hora de su partida, cuando se divulgó la noticia de que llegado al pueblo un mensajero de la Ciudad-Celestial- con nuevas de gran importancia para una tal Cristiana, viuda de Cristiano el peregrino. Preguntóse por ella, y pronto dieron con la casa en que se alojaba. Entonces el mensajero le entregó una carta, cuyo contenido era el siguiente: -¡Salve, buena mujer! Esta es para hacerte saber que el Maestro te llama, y espera que, vestida de inmortalidad, comparecerás ante su presencia dentro del plazo de diez días.-
Después de leerle la carta, le dio, en prueba de que era mensajero verdadero que venía á ordenarla se apresurase a partir, una prenda, que consistía en una flecha apuntada de amor, y que, introducida suavemente en su corazón, obraría en ella poco a poco y con tanto acierto, que a la hora señalada debía partir.
Viendo Cristiana que había llegado su hora, y que había de ser la primera de su compañía que atravesase el río, hizo venir a Gran Corazón para, participarle la nueva. Este le dijo que se alegraba mucho de la noticia, y que hubiera estado contento si el mensajero hubiese venido por él. Cristiana entonces pidióle su consejo con respecto a los debidos preparativos para el viaje. El guía le facilitó todos los informes que necesitaba, añadiendo. Y nosotros que te sobrevivimos, te acompañaremos hasta la orilla.
En seguida, llamando a sus hijos, bendíjolos, diciéndoles que todavía discernía con gran consuelo suyo la señal que se había puesto en sus frentes; que se alegraba mucho de verlos a su lado y de que hubiesen guardado sus vestidos tan blancos. Por fin legó a los pobres lo poco que tenía, y encareció a sus hijos é hijas estuviesen apercibidos para cuando viniese el mensajero en busca de ellos.
Habiendo hablado en estos términos a su guía y a sus hijos, Cristiana hizo llamar a Valientepor- la-verdad, y dijole: -En todo lugar te has mostrado leal y sincero; sé fiel hasta la muerte, y mi Rey te dará una corona de vida. Te suplico que tengas cuidado de mis hijos, y si en cualquier ocasión los ves desfallecidos, los animes y consueles. En cuanto a mis nueras, ellas han sido fieles, y al fin recibirán el cumplimiento de la promesa.
Firmeza le regaló un anillo. Luego hizo venir al anciano Integridad, y de él dijo: -He aquí un verdadero Israelita en el cual no hay engaño. Espero -dijo éste -que tendrás buen tiempo cuando salgas para el Monte Sión, y me alegraré de ver que atravieses el río en seco. Pero Cristiana le respondió: -Que lo pase en seco o mojado, anhelo partir; porque sea cual fuere el tiempo que reine durante la travesía, bastante tiempo tendré al llegar para descansar y enjugar mis vestidos.
Después entró para verla Próximo-á-cojear. A éste le dijo Cristiana:
-Tu viaje acá ha sido dificultoso; el reposo te parecerá más dulce en comparación de ello. Pero vela y está preparado, porque a la hora menos pensada podría llegar mensajero.
Habiéndose presentado Desaliento y su hija Mucho-Temor, en su cuarto, les dijo: Debéis acordaros siempre con agradecimiento de vuestro rescate de manos del gigante Desesperación y del castillo-de la-Duda. A consecuencia de aquella merced, habéis podido llegar hasta aquí. Sed cuidadosos, y desechad todo «Sed sobrios y esperad hasta el fin.»
Por último, dirigióse a Flaca-Mente, diciendo: fuiste librado de la boca del gigante Matalo-bueno, para que pudieras vivir para siempre a ojos de los vivientes y vieses con alegría a tu Rey; pero te aconsejo que, antes de que te llame, te arrepientas de tu tendencia a abrigar temores y dudas de su bondad, no sea que cuando venga te veas obligado, por ese defecto, a  estar en su presencia avergonzado.
Llegó el día en que Cristiana debía atravesar el río, y un gran número de personas se habían estacionado en el camino para verla emprender su viaje. Pero he aquí que la orilla opuesta estaba llena de caballos y carros que habían descendido para escoltarla a la puerta de la Ciudad. Entonces salió y entró en el río haciendo señal de despedida a los que la habían acompañado a la ribera. Las últimas palabras que oyeron pronunciar fueron:
-Vengo, Señor, a estar contigo y bendecirte.
Cuando los hijos y amigos de Cristiana perdieron de vista a ésta y al séquito que a la orilla opuesta la aguardaba, regresaron a sus casas. Cristiana, por su parte, subió, llamó y entró por la puerta, siendo celebrada su llegada con las mismas aclamaciones de regocijo que antes se habían tributado a su marido.
Sus hijos lloraron su partida, pero Gran-Corazón y Valiente, gozosos, tañeron sobre sus bien afinados instrumentos músicos, y volvieron los peregrinos a sus respectivos alojamientos. Con el tiempo llegó otro mensajero al pueblo, teniendo que ver esta vez con Próximo-á-cojear. Cuando lo hubo hallado, le dijo:
-Vengo en nombre de Aquel a quien has amado y seguido, aunque apoyado en muletas; estoy encargado de decirte que te espera para cenar con Él a su mesa, en su reino, el día después de Pascua; por lo tanto, apercíbete para este viaje.
Le dio también señal de que era mensajero fiel, diciendo: Te han quebrado la cadena de plata y roto el cuenco oro.
En vista de esto, Próximo-cojear, llamó a sus compañeros de viaje, y díjoles: -A mí me han llamado, y Dios ciertamente os visitará también.
Rogó entonces a Valiente-por-La Verdad, le hiciese el testamento, y puesto que no tenía nada que dejar a los que le vivieran sino muletas y buenos deseos, -Estas muletas –dijo -las lego al hijo mío que anduviera en mis pisadas, con mil deseos de que sea mejor que su padre, después de haber agradecido a Gran Corazón su bondad y buenos servicios, se arregló para el viaje. Llegado A la del río, exclamó:
-Ya no tendré más necesidad de estas muletas, pues allá hay carros y caballos que me aguardan.
Las últimas palabras suyas que pudieron distinguir fueron:
-Bienvenida sea la Vida.
Y así se sumergió en las aguas del río.
Más tarde participaron a Flaca-Mente, que el mensajero había tocado la corneta a la puerta de su habitación. Entrando éste, le dijo:
-Vengo a decirte que tu Señor tiene necesidad de ti, y que dentro de muy poco debes ver su rostro en Gloria; y en prueba de la verdad de mi mensaje, toma esto: .Se oscurecerán los que miran por las ventanas -
Entonces Flaca-Mente hizo venir a sus amigos, y los enteró del mensaje que le habían traído, y de la prenda que había recibido de la verdad del mismo, añadiendo:
-Siendo así que no tengo nada que dejar a nadie, ¿por qué hacer testamento? En cuanto a mi mente flaca, la dejaré aquí, porque no tendré necesidad de ella en el lugar a que me dirijo. Ni es digna de ser legada al más pobre peregrino; por lo tanto, te ruego, señor Valiente-por la-verdad, la entierres en un estercolero. Dicho esto, y llegado el día de su partida, entró en el río como lo habían hecho los demás. Según se iba internando le oyeron decir:
-Manteneos firmes en la fe y paciencia.
Y con estas palabras salvó la otra orilla.
Trascurridos muchos días, Desaliento fue llamado con el mensaje siguiente:
-Hombre tembloroso, ésta es para advertirte que estés preparado el domingo próximo para dar voces de júbilo cerca de tu Rey, por la liberación de todas tus dudas. .Añadió el mensajero: -Recibe esto en señal de que el recado es verdad: He hizo que una langosta le fuera una carga gravosa».
Cuando Mucho-temor, su hija, se enteró de esto dijo que acompañaría a su padre.
-Ya sabéis -dijo Desaliento a sus amigos -lo que hemos sido mi hija y yo, y cuan molestamente nos hemos portado en toda circunstancia. Nuestro testamento es que nadie jamás, desde el día de nuestra partida, participe de nuestros serviles temores y desconfianzas; pues ya sé que después de nuestra muerte se ofrecerán a otros. Por decir la verdad, éstos son fantasmas que acogimos cuando primero nos pusimos en camino, y jamás hemos podido deshacernos de ellos. Estos espectros pretenderán ser acogidos de parte de los peregrinos pero por amor de nosotros cerradles la puerta.
Sonó por fin la hora de su partida, y dirigiéronse a la orilla del río. Las últimas palabras de Desaliento fueron:
-¡Adiós, noche; bienvenido sea el día! -Su hija atravesó el río cantando, pero nadie pudo comprender lo que decía.
Acaeció que algún tiempo después de estos sucesos vino al pueblo un mensajero que preguntaba por Integridad, Llegando a su casa, entrególe en la mano las siguientes líneas –Se te manda que de hoy en ocho días estés preparado para presentarte delante de tu Señor en la casa de su Padre; y en prueba de que este mensaje es verdadero, «todas las hijas de canción serán humilladas» -Integridad les llamó a sus amigos, y les dijo: -Muero, pero no haré testamento. Mi integridad irá conmigo; que lo sepan los que vinieren después. Llegado el día señalado, apercibiose para hacer la travesía. El río, en aquel entonces, se había desbordado en algunas partes; pero Integridad, que en vida había apalabrado a un tal Buena-Conciencia para que le auxiliase, encontróle allí, y dándole la mano, le ayudó a través de las aguas. Así partió Integridad del mundo, con las palabras «¡La gracia reina!»
Luego se extendió el rumor de que Valiente-por-la-verdad había recibido un llamamiento por el mismo correo, y prenda de que el aviso era verdad, «su cántaro se quebró junto a la fuente».
Comprendiendo esto, participólo a sus amigos. –Ahora- dijo -voy a casa de mi Padre, y aunque con mucha dificultad he llegado hasta aquí, ya no son los trabajos y molestias que el viaje me ha ocasionado. Dejo mi espada a aquel que me sucediere en la peregrinación, y mi valor y pericia a quien pueda lograrlos. Llevaré conmigo mis huellas y cicatrices para dar testimonio de que he peleado la batalla de Aquel que será ahora mi galardón.
El día de su partida muchos le acompañaron a la ribera. Entrando en el río, exclamó: -¡Oh muerte! ¿Dónde está tu aguijón? -Y luego, sumergiéndose en las aguas: -¡Oh sepulcro! ¿Dónde está tu victoria? Con estos acentos de triunfo alcanzó la otra orilla, y fue recibido a son de trompeta.
Después de esto llegó un aviso para Firmeza (al que los demás peregrinos encontraron de rodillas en la Tierra-Encantada), cuyo recado el mensajero le trajo abierto en sus manos. El contenido de la carta era que debía prepararse para un cambio de vida, porque su Señor no quería que por más tiempo estuviera tan alejado de Él. Recapacitando Firmeza sobre esta noticia, -No has de dudar -agregó el mensajero -de la verdad de mi recado, pues he aquí la seña: «La rueda está rota sobre el pozo».
Firmeza, entonces, llamó a su lado a Gran-Corazón, y le dijo: -Si bien no me cupo la suerte de estar mucho en tu compañía en los días de mi peregrinación, sin embargo, desde que te conozco me has servido de provecho. Cuando salí de casa dejé esposa y cinco hijuelos; te ruego que a tu regreso (pues sé que volverás a casa de tu Señor, con la esperanza de que sirvas aún de guía a más santos peregrinos), envíes a mi familia noticias de cuanto me ha sucedido o sucederá. Hazles saber mi feliz llegada a este país y el estado bienaventurado en que me encuentro. Cuéntales también lo de Cristiano y Cristiana, su esposa, y de cómo ella y sus hijos siguieron en pos de su marido y padre. Diles Feliz fin tuvo ella y adonde ha ido. Tengo poco o nada que enviar a mi familia, a no ser rogativas y lágrimas en suyo, y bastará que se lo participes por si acaso prevalezcan con ellas.
Cuando Firmeza hubo así dejado arregladas todas las cosas y llegada ya la hora en que debía apresurarse a partir, bajó al río. En aquel tiempo sucedió que había un gran reflujo en el río; de consiguiente, Firmeza, cuando hubo llegado próximamente a la mitad, paróse un rato y habló con los amigos que le habían acompañado: Este río –dijo -ha infundido terror a muchas personas, y mí también el pensar en él me ha espantado muy a menudo. Pero ahora estoy tranquilo, y mis pies están firmes en aquello sobre que descansaron los pies de los sacerdotes que llevaban el Arca del Pacto cuando Israel atravesó el Jordán. Las aguas, en verdad, son amargas al paladar y frías al estómago; pero el pensamiento de aquello a que me dirijo y de la escolta que me aguarda en la otra ribera, enardece mi corazón.
Me veo ahora al término de mi viaje; mis días de trabajo han concluido. Voy ahora a ver aquella cabeza que por mi fue coronada de espinas y aquel rostro que por mí fue escupido. Hasta ahora la fe me ha dirigido, pero en adelante será a Aquel cuya compañía constituye mis delicias. Me ha gustado oír hablar de mi Señor, y dondequiera que haya visto en la tierra la huella de sus pies, allí he anhelado poner también mi pie. Su nombre me ha sido más oloroso que los más exquisitos perfumes, y su voz dulcísima y más he deseado yo contemplar su rostro que el hombre pueda anhelar la luz del sol. Su palabra me ha servido de alimento escogido y de antídoto contra mis desmayos. «Me ha sostenido y guardado de mis iniquidades; sí, mis pasos los ha fortalecido en su camino.»
Mientras estaba en estos discursos, su rostro sufrió un cambio, «se encorvó su hombre fuerte,» y habiendo exclamado: -Recíbeme, porque a ti voy, -dejó de ser visto de ellos.
¡Pero cuan glorioso era ver la multitud de caballos y carros, de trompeteros y flauteros, de cantores y tañedores (los instrumentos de cuerda, que en la orilla opuesta los aguardaba para darles la bienvenida conforme subían y entraban, uno tras otro, por las hermosas puertas de la Ciudad!
Por lo que toca a los hijos de Cristiana, los cuatro jóvenes que llevó consigo, con sus esposas é hijos, no esperé hasta que hubiesen pasado el río. Además, desde que me aparté de aquel lugar, he oído a uno decir que aún viven; de manera que contribuirán por algún tiempo al aumento de la Iglesia en aquella parte.
Si me toca en suerte pasar otra vez por allí, puede que den a los que lo desee un relato de las cosas que por el presente callo. Entretanto, digo a mis lectores:

ADIÓS.

Ministerio 100% bíblico
Hacemos traducciones cristianas del Inglés - Español - Inglés
Consulta nuestro índice de libros que podemos traducir para tí.
Tenemos obras cristianas desde el siglo XV en formato electrónico.

"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

Este sitio está siendo desarrollado por:
Martha Iñiguez Moreno
Por favor, haga llegar cualquier comentario sobre el mismo a:

lady59cat@yahoo.com.mx


Ladycat