La Peregrina

Porque por gracia sois salvos

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CAPITULO XX
Los peregrinos posan por Tierra-Encantada
Miserable suerte que cabe a los que descuidan tus deberes
Encuentro con Firmeza, y la victoria que éste alcanzó sobre las seducciones fiel del mundo.

Los caminantes se encontraban ya próximos a la Tierra-Encantada, cuya atmósfera, saturada de emanaciones soporíferas, aletargaba los sentidos. El país estaba cubierto de abrojos y espinas, excepto unos claros aquí y allá, en que había unos cenadores encantados, en los cuales, si uno se echa a dormir, es poco probable que vuelva levantarse o despierte en este mundo. Al través, pues, de estos matorrales, caminaron nuestros viajeros: Gran-Corazón, conforme con su carácter de guía, iba delante, y Valiente-por-la-verdad, cerraba la columna, sirviendo de guardia, por si acaso algún demonio, dragón, gigante o ladrón los atacase por la espalda. Ambos andaban con su espada desnuda en la mano, por cuanto sabían que el lugar era peligroso. Al propio tiempo, animábanse unos a otros como mejor podían. Gran-Corazón había dispuesto que Flaca-Mente viniese inmediatamente detrás de él, mientras que Desaliento estaba bajo el cuidado especial de Valiente.
Poco se habían internado en este territorio, cuando cayó sobre ellos una espesa niebla, acompañada de densas tinieblas, de modo que por algún tiempo apenas podía uno distinguir a  su compañero, y se veía obligado a cerciorarse de la presencia de los demás por medio de las palabras, porque no andaban por la vista.
No hay necesidad de decir que si en semejantes circunstancias aun los más fuertes se veían apurados, ¡cuánto peor no sería para los niños y mujeres, que eran tiernos de pies lo mismo que de corazón! Sin embargo, estimulados por palabras de Gran-Corazón y de Valientepor la verdad, salieron airosos del paso.
El camino también era muy pesado, pues los conducía a través de un terreno húmedo y cenagoso, en el que ni se veía ni había en toda la comarca una sola posada o mesón en que obtener refrigerio para los débiles, los que en su cansancio gemían, se lamentaban y suspiraban. Mientras tropezaban en las matas que embarazaban el camino, se atascaban en el fango, perdiendo en él sus zapatos, y solo haciendo inauditos esfuerzos conseguían vencer las innumerables dificultades que se les presentaban.
En este penoso camino encontraron un cenador que ofrecía apetecible descanso a los caminantes; arriba estaba delicadamente labrado é interiormente hermoseado con ramajes, y amueblado con bancos y escaños. Había también un blando canapé, en el que los cansados podían recostarse. Todo esto, dadas las circunstancias, era muy halagüeño, porque los peregrinos empezaban a resentirse de la pesadez del camino; pero ni uno de ellos hizo siquiera proposiciones de descansar allí. Por lo que veía yo, prestaban siempre tanta atención a los consejos del guía, y éste tan fielmente les advertía los peligros al aproximarse a ellos, y la naturaleza de los mismos, que por lo general, cuando más cerca estaban de ellos era cuando más valor cobraba, y más se animaban mutuamente a refrenar la voluntad de la carne. Esta glorieta se llamaba «El amigo de los Perezosos,» con el propósito de tentar, si fuese posible, a  los caminantes cansados a entregarse allí al reposo.
Luego vi que los peregrinos continuaron atravesando este lugar solitario, hasta llegar a  un sitio donde uno puede fácilmente equivocar el camino. Teniendo el guía la luz del sol, no tenía ninguna dificultad en evitar las sendas extraviadas; mas ahora en la oscuridad se encontraba algún tanto perplejo; pero tenía en el bolsillo un mapa de todos los caminos, tanto los que conducen a la Ciudad Celestial como los que se bifurcan con él y llevan a otras partes.
Encendió, por tanto, una luz (porque nunca viaja sin ella) y examinó bien su plano, el cual le indicaba que en aquel sitio debía uno cuidar de tomar a la derecha. Si no hubiese tenido la precaución de mirar el mapa, según todas las probabilidades, hubieran perecido ahogados en el cieno, por que un poco más adelante, y al extremo de la senda más transitable de todas, había un foso, cuya profundidad se ignora, lleno de fango hasta el borde, y hecho de intento para la perdición de los caminantes.
Entonces pensé en mi interior: -¿Quién, yendo en peregrinación, dejaría de proveerse de uno de estos mapas, para consultarlo acerca de su camino en caso de duda?
Siguiendo su viaje a través de esta Tierra-Encantada, llegaron los peregrinos a otro cenador construido al lado del camino, en el cual yacían dos hombres llamados Descuidado y Demasiado-atrevido. Estos dos sujetos habían llegado hasta este punto de su peregrinación; pero, sintiéndose cansados del viaje, entraron para descansar, y un sueño profundo se apoderó de ellos. Nuestros peregrinos, al percibirlos, se pararon y menearon la cabeza, sabiendo que estaban en una situación lastimosa. Consultando entre sí lo que debía hacerse, si debían seguir su camino dejándolos dormidos, o entrar y hacer un esfuerzo por despertarlos, si podían, pero con la precaución de cuidar de no sentarse ni dejarse seducir por los deleites que ofrecía el cenador.
Acordado esto, entraron y hablaron a los hombres, llamándolos por sus nombres, porque el guía, por casualidad, los conocía; pero no hubo contestación alguna. Viendo esto Gran-Corazón los sacudió, é hizo cuanto pudo para despertarlos. -Ya te pagaré cuando haya cobrado -dijo uno de ellos, a cuya contestación el guía meneó la cabeza. –Lucharé -exclamó el otro -mientras pueda empuñar mi espada.
Esto hizo reír a uno de los niños, pero Cristiana preguntó: -¿Qué significa esto?
GRAN COR - Estos hablan soñando. Que se los hiera, golpeé o se les haga cualquier cosa, contestarán de este modo o como uno de ellos dijo antiguamente, cuando las olas del mar le azotaban, y él dormía como en la punta de un mastelero: (Cuando despertare, aún lo tornaré a  buscar). Ya sabéis que los hombres, cuando hablan en así, dicen cualquier cosa, pero sus palabras no son dirigidas por la fe ni por la razón. Hay incoherencia ahora entre el ir en peregrinación y sentarse aquí. He aquí pues, lo que resulta cuando personas descuidadas van en peregrinación: de veinte uno se salva porque esta Tierra-Encantada es una de las últimas guaridas que posee el enemigo. Por eso está situada como ven, casi al término del camino, llevando, por consiguiente, más ventaja contra nosotros. .Porque, raciocina el enemigo, ¿cuando tendrán esos necios más deseos de sentarse que cuando estén cansados? ¿Y cuándo han de estar más cansados que cerca del fin de su carrera? Por esta razón, digo, la Tierra-Encantada está situada tan cerca del país de Beulah, tan próxima al fin del camino. Que todos los peregrinos, pues, miren por sí, no sea que les acontezca lo mismo que a éstos, que, como veis, se han dormido y nadie los puede despertar.
Entonces, temblando, ansiaban los peregrinos ir adelante; pero antes de ordenar de nuevo la marcha rogaron al guía que encendiese una luz, para que por lo que restaba del camino pudiesen caminar a la luz de una linterna. Con esta ayuda terminaron bien el camino, aunque era densa la oscuridad.
Los niños, empero, comenzaron a sentir una fatiga excesiva, y clamaron a Aquel que ama a los peregrinos, rogándole que les luciese más cómodo el camino. Al poco rato levantóse un viento que disipó la niebla, dejando la atmósfera más despejada. No habían llegado ni con mucho al extremo de la Tierra-Encantada, pero sí podían mejor distinguirse unos a otros y mejor escoger su camino.
Cuando, por fin, faltaba poco para verse fuera de este territorio, acertaron a oír a alguna distancia un sonido solemne como de uno ocupado en una conversación interesante. Siguieron avanzando, y percibieron un hombre de rodillas, sus manos y ojos alzados al cielo, hablando, según parecía, con ardor con alguien que debía estar arriba. Acercáronse los peregrinos; mas no pudieron distinguir las palabras, por lo cual anduvieron despacio y silenciosamente hasta que hubo acabado. Concluida su oración, el hombre se levantó y echó a correr en dirección a la Ciudad Celestial. En esto Corazón llamole gritando: -¡Eh, amigo! Si te diriges, como supongo, a la Ciudad Celestial, deja que gocemos de tu compañía,
El hombre entonces se detuvo, y nuestros caminantes le alcanzaron. Así que Integridad lo vio, exclamó: yo conozco a éste. -¿Quien es? - preguntó Valiente.
Es uno que viene de cerca donde habitaba yo. Se llama Firmeza, y por cierto que es peregrino de buena ley.
Al encontrarse, Firmeza dijo a Integridad: -¡Hola, padre Integridad! ¿Eres tú?
INTEG - Sí, yo soy.
FIRM - ¡Cuánto me alegro de encontrarte en este camino!
INTEG - Y yo no menos de haberte visto de rodillas.
FIRM. (Poniéndose colorado) - ¿Cómo? ¿Me viste?
INTEG - Sí que te vi, y mi corazón saltó de gozo a semejante vista.
FIRM - ¿Y qué pensaste?
INTEG - ¿Qué había de pensar? Pensé que teníamos un hombre formal en nuestro camino, y que pronto gozaríamos de su compañía.
FIRM - Feliz de mí si tu juicio no resulta equivocado; no soy lo que debiera ser, yo solo tendré que sufrir las secuencias.
INTEG - Es mucha verdad; pero tus temores me convencen más todavía de la armonía que existe entre el Príncipe de los peregrinos y tu alma; porque dice: -«Bienaventurado el hombre que siempre está temeroso».
VALIENTE - Ahora bien, hermano; te ruego nos digas por qué hace poco estabas de rodillas. ¿Fue acaso que algunas señaladas mercedes te habían impuesto nuevas obligaciones, ó qué?
FIRM - Yo os lo diré. Estamos, como veis, en la Tierra-Encantada, y yo, conforme caminaba, estaba reflexionando sobre cuan peligroso es el camino en esta parte, y cuántos que han llegado hasta este punto de su viaje, aquí han sido detenidos y han perdido la vida. Pensaba también en la clase de muerte que aquí alcanza a los hombres. Los que en este sitio se pierden no fallecen de ninguna enfermedad fulminante. La muerte de estos desgraciados no les es penosa, porque aquel que muere entregado en brazos del sueño, parte de aquí con deseo y placer, y se allana a la voluntad de esa enfermedad.
INTEG - ¿Has visto tú, aquellos dos hombres que duermen en el cenador?
FIRM - Sí, he visto allí a Descuidado y Demasiado-atrevido, y por lo que presumo, allí permanecerán hasta que se pudran. Pero déjame continuar mi relato. Mientras andaba entregado a tales reflexiones, se me presentó una mujer, graciosamente ataviada, pero muy vieja, que me ofreció tres cosas: es decir, su persona, su bolsa y su lecho. Pues bien, es la verdad que sobre estar cansado tenía sueño, y también, como tal vez sabría la hechicera, soy pobre como un ratón. La rechacé una y dos veces, pero no hizo caso de mis negativas, y sonreía. Entonces comencé a enfadarme, pero eso no le importaba nada. Volvió a hacerme ofrecimientos, y dijo que si quería dejarme gobernar por ella, me daría honra y felicidad, porque –dijo -soy dueña mundo, y por mi mediación los hombres son felices, pregúntele cómo se llamaba, y me dijo, la señora Burbuja. Esta noticia me alejó todavía más de ella; pero ella, por su parte, no dejaba de perseguirme con sus seducciones. Entonces me eché de rodillas, y alzadas las manos, elevé fervorosas oraciones a Aquel que nos ha prometido su auxilio, La mujer acababa de marcharse cuando llegasteis, y yo, viéndome salvado de este gran peligro, seguí dando gracias por ello, pues verdaderamente creo que no me quería ningún bien, sino que, al contrario, deseaba detener mi viaje.
INTEG - Sin género de duda, sus designios eran malos., calla, ya que me hablas de ella, se me figura que la he visto o que he leído algo acerca de ella,
FIRM - Ambas cosas tal vez.
INTEG - ¡Señora Burbuja! ¿No es ella una mujer: Alta, bien parecida, y de tez algo trigueña?
FIRM - Justo, has acertado; este es su retrato exacto.
INTEG - ¿Habla muy suavemente, finalizando cada frase con una sonrisa?
FIRM - La pintas perfectamente.
INTEG - ¿Y lleva un gran bolsillo a su lado, en el cual mete muy a menudo la mano, y hace sonar su dinero como a la delicia de su corazón?
FIRM - Si hubieses estado delante mientras conversábamos no hubieras podido más acertadamente pintármela, o describir su apariencia.
INTEG - En ese caso, el que la pintó era buen retratista, y lo que escribió respecto a  ella era verdad.
GRAN-COR - Esa mujer es una bruja, y en virtud de sus hechicerías, esta tierra está encantada. Quienquiera que repose su cabeza en su regazo, tanto le valiera ponerla en el tajo sobre el que está suspendida el hacha; y quienesquiera que sean los que fijan los ojos en su hermosura, están considerados como enemigos de Dios. Ella es la que mantiene en su esplendor a todos los enemigos de los peregrinos, y ella también es quien ha comprado a  muchas personas para hacerles desistir de su peregrinación. Es muy habladora, y ella y sus hijos siempre están persiguiendo a los peregrinos, bien haciendo elogios de los bienes de esta vida, bien ofreciéndoselos. Es una mujerzuela atrevida y descarada, que no teme dirigirse a  cualquier hombre. A los peregrinos pobres los ridiculiza, mientras que ensalza en extremo a los ricos. Si en un pueblo se encuentra uno bastante hábil para sonsacar dinero, ella cantará sus alabanzas de casa en casa. Tiene mucha afición a los banquetes y comidas opíparas, y siempre frecuenta las mesas mejor provistas. En algunas partes ha hecho correr la voz de que es diosa, y por eso algunos la adoran. Tiene períodos señalados y lugares públicos para engañar, y dice y protesta que ninguno puede mostrar un bien comparable al suyo. Promete morar con los hijos de los hijos, con tal que la amen y halaguen. En algunas partes y con algunas personas, prodiga el oro de su bolsillo como si fuese polvo. Lo que le gusta es que corran detrás de ella, que hablen bien de ella, y verse halagada de los hombres. Jamás se cansa de recomendar sus géneros, y a los que más ama es a aquellos que la tienen en más alto concepto. Promete a algunos, coronas y reinos con tal que sigan sus consejos; sin embargo, ha conducido a muchos a la horca, y a muchísimos más al Infierno.
FIRM - ¡Oh, qué ventura que haya yo podido resistir a ella! ¿Quien sabe dónde me hubiera arrastrado?
GRAN-COR - Dios sólo sabe dónde; pero sin entrar en pormenores, es cierto que te habría encaminado a muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los hombros en perdición y muerte. Fue ella quien indispuso a Absalón con su padre, é incitó a Roboam en contra de su amo. Fue ella quien persuadió a Judas a que vendiese a su Señor, y quien indujo a Demas a  abandonar la vida de peregrino piadoso; nadie sabe cuán grande es el mal que hace. Suscita discordias, gobernadores y súbditos, entre padres é hijos, entre vecinos, entre esposos, entre la carne y el corazón. Por lo cual buen Señor Firmeza, deseo que tu carácter se ajuste con tu nombre y está firme, habiéndolo acabado todo. Durante estos discursos, los sentimientos de los peregrinos habían fluctuado entre el gozo y el temor; por fin, preponderó la gratitud, por haber podido evitar tan triste suerte, y prorrumpieron todos en el siguiente cántico:

Está expuesto el viador a muchos riesgos,
Y tiene poderosos enemigos;
Muchas sendas conducen al pecado,
Y así debe marchar apercibido.
Es posible caer en zanja oculta,
En fuego o en pantanos escondidos;
Pero si vela en oración constante,
Incólume saldrá de los peligros.

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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