La Peregrina

Porque por gracia sois salvos

Búsqueda personalizada
Diccionario bíblico
Página Principal
La Peregrina
Regresar al Listado de la Peregrina
Locations of visitors to this page


CAPÍTULO XIX
Encuentro con Valiente-por-la verdad, quien se junta a la compañía; de su historia se comprende cómo un hombre puede triunfar en todas las dificultades.

Poco tiempo después de haberse separado de los Pastores, llegaron los peregrinos al sitio donde Cristiano se había encontrado con Vuelve-atrás, natural del pueblo de Apostasía.
Gran-Corazón les recordó aquel incidente, diciendo: -Este es el lugar donde Cristiano encontró a Vuelve-atrás, con un letrero en sus espaldas explicando la naturaleza de su rebelión. Este sujeto no quiso escuchar ningún consejo, sino que, una vez caído, la persuasión fue del todo inútil para detenerlo. Cuando este hombre llegó al sitio donde está la cruz y el sepulcro, encontró a uno que le encareció que contemplase aquel espectáculo; pero él, rechinando los dientes y dando patadas en el suelo, dijo que estaba resuelto a volver a su propio pueblo. Antes de que llegase a la Puerta, Evangelista le salió a su encuentro, y quiso persuadirle para dirigirle otra vez al camino, pero Vuelve-atrás lo resistió con muchos improperios, y escalando un muro se escapó.
Siguiendo los peregrinos avanzando, y precisamente en el sitio donde antes Poca-fe había sido robado, vieron a un hombre en pie, con su espada desnuda en la mano y el rostro todo ensangrentado. Preguntóle Gran-Corazón: -¿Quién eres? -Me llamo Valiente-por-la-verdad. Soy peregrino, y me dirijo a la Ciudad Celestial. Seguía mi camino, cuando tres hombres me asaltaron, proponiéndome tres cosas: Había de elegir entre 1°, asociarme con ellos; 2°, volver al lugar de donde vengo; o 3°, morir aquí mismo. A lo primero contesté que, siendo hombre leal y honrado desde hacía mucho tiempo, no era de esperar que ahora uniera mi suerte con la de unos ladrones. Entonces me preguntaron qué contestación daba a la segunda proposición. Les dije que si no hubiese sufrido muchas molestias y peligros en el lugar de donde había salido, no lo hubiera abandonado; pero hallando que me era del todo inconveniente, lo dejé para seguir este camino. Luego me preguntaron qué decía en cuanto a lo tercero -Mi vida  -dije -me ha costado demasiado cara para que ligeramente la pierda; además, no os toca a vosotros hacerme tal proposición, por lo que, a vuestro riesgo sea si me tocáis.
Entonces los tres malvados, que se llamaban Ligero-de-cascos, Inconsiderado y Pragmático, me embistieron, y yo a mi vez desenvainé mi espada para defenderme. Por más de tres horas peleamos cuerpo a cuerpo, uno contra tres. Mis contrarios han dejado en mí algunos rastros de su valor, y se han llevado también algunos del mío. Acaban de huir; supongo que, presintiendo vuestra llegada, escaparon.
GRAN-COR - La lucha era muy desigual, tres contra uno.
VALIENTE - Es verdad; pero unos cuantos más o menos no hacen nada a aquel que es partidario de la verdad. «Aunque se asiente campo contra mí (ha dicho uno), no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo en esto confío». Además, he leído en los archivos que un hombre solo luchó contra un ejército. ¡A cuántos hirió son con la quijada de un asno!
GRAN-COR - ¿Por qué no alzaste la voz para que viniese alguien en tu socorro?
VALIENTE - Así lo hice, clamando a mi Rey, quien como sabía yo, podía oír y otorgar  ayuda invisible, y esto me bastó.
GRÁN-COR - Te has portado dignamente. ¿Me dejarás ver tu espada? Valiente-por-la-verdad se la enseñó. El guía, después de haberla examinado atentamente, dijo: -¡Ah! Es una buena de hoja Jerusalén.
VALIENTE - Lo es. Tenga un hombre en su mano una de estas hojas para blandiría y emplearla con destreza, y podrá aventurarse al combate contra un ángel. No ha de temer su acierto, con tal que sepa manejarla. Sus filos no se embotaran nunca. Penetra carne y huesos, alma, espíritu y todo.
GRAN-COR - La pelea duró mucho tiempo; es extraño que no estuvieses cansado.
VALIENTE - Luché hasta que mi mano quedó unida a mi espada, como si ésta fuese continuación de mi brazo, y la sangre caía de mis dedos; entonces fue cuando con más valor me batí.
GRAN-COR - Bien has hecho; has «resistido hasta la sangre combatiendo contra el pecado». Te quedarás con nosotros, y compartiremos la misma suerte, porque somos compañeros tuyos.
Tomándolo entonces, le lavaron las heridas y le dieron de lo que tenían, para refrigerarle: y luego caminaron juntos, recreándose Gran-Corazón con su compañía. Valientepor-la-verdad desde luego se captó un amor no fingido, porque el guía encontró en él un hombre que sabía defenderse. Siguieron, pues, andando, y Gran-Corazón, para animar a los que eran flacos y débiles, hizo muchas preguntas a su nuevo compañero de viaje. Primero le interrogó acerca de su país.
VALIENTE - Soy del País-de-las-tinieblas; allí nací y allí están todavía mis padres.
GRAN-COR - Si no me equívoco, el País-de-las-tinieblas, está en la misma región que la Ciudad de Destrucción.
VALIENTE - Justo. Lo que me indujo a salir en peregrinación fue lo siguiente: vino a nuestro distrito un tal Cuenta-la-verdad relatando lo que había hecho Cristiano, aquel que salió de la ciudad de Destrucción, dejando a su mujer é hijos, y abrazando la vida de peregrinación; según decía, había matado una serpiente que había salido a obstruirle el paso, y había llegado felizmente donde se dirigía. Nos contó lo del recibimiento benévolo que se le había dispensado en cada una de las hospederías de su Señor, y de la acogida cariñosa que había recibido a las puertas de la Ciudad Celestial. Allí nos dijo el hombre, cómo fue recibido a son de trompetas por una compañía de seres resplandecientes; cómo echaron a vuelo todas las campanas de la ciudad, por el gozo que sentían al recibirle, y cómo se le vistió de ropaje espléndido, junto con otras muchas cosas que es excusado contar. En una palabra: el forastero de tal modo contó la historia de Cristiano y su viaje, que sentí mí corazón arder en deseos de seguirle; ni mis padres pudieron detenerme. Me arranqué de sus brazos, y hasta aquí he ido en mi camino.
GRAN-COR - Entraste por la puerta, ¿no es verdad?
VALIENTE - Oh, si; el mismo hombre nos dijo que todos nuestros esfuerzos resultarían vanos, si no principiásemos entrando por la puerta.
GRAN-COR - (Dirigiéndose a Cristiana.). Veo que la noticia de la peregrinación de tu marido y lo que por medio ella ha alcanzado, se ha divulgado por todas partes.
VALIENTE - ¡Cómo! ¿Es ésta la viuda de Cristiano?
-Sí, ella es; y éstos son sus cuatro hijos.
VALIENTE - ¿Y ellos también son peregrinos?
GRAN-COR - En efecto, siguen sus huellas.
VALIENTE - Me alegro de todas veras. ¡Cuan gozoso estarán el buen Cristiano al ver entrar por las puertas de la ciudad a los que en un tiempo no querían acompañarle!
GRAN-COR - Sin duda, esto le infundirá mucha alegría, después del gozo que debe sentir al encontrarse él mismo en aquel lugar, será grande el que sentirá al ver A su esposa é hijos allí.
VALIENTE - Algunos ponen en duda, que nos conozcamos unos a otros allá. Ya que estamos en esto, quisiera oír lo que opinas sobre el particular.
GRAN COR - ¿No creen que se conocerán a sí mismos, o que se regocijarán al verse rodeados de bienaventuranza? Si no les cabe duda de esto, ¿por qué no conocer a otros también y alegrarse de su bienestar? Además, siendo así nuestros parientes están tan íntimamente relacionados con nosotros (si bien ese parentesco desaparece allí), ¿por no podemos lógicamente suponer que estaremos más contentos de verlos allí que no de echarlos de menos?
VALIENTE - Bien; creo que la razón te asiste en cuanto a esto. ¿Tienes algo más que preguntarme acerca del comienzo de mi viaje?
GRAN-COR - Sí, quería preguntarte si tus padres querían dejarte emprender la peregrinación.
VALIENTE - Muy al contrario, emplearon todos los medios que pueden imaginarse para persuadirme a quedarme encasa.
GRAN-COR. ¿Qué podrían decir en contra de semejante vida?
VALIENTE - Decían que era una vida perezosa, y que si yo no tuviera disposición para la vagancia y la holgazanería, nunca podría aceptar la condición del peregrino.
GRAN-COR - ¿Alegaron acaso algo más?
VALIENTE - Me dijeron también que el camino más peligroso del mundo era el de los peregrinos.
GRAN-COR - Te habrán indicado sin duda en qué consistía lo peligroso del camino.
VALIENTE - SÍ, y entraron en muchos detalles. Me hablaron del pantano de la Desconfianza, en el que Cristiano estuvo a punto de ahogarse; dijeron que en el castillo de Beelzebub había .arqueros dispuestos a lanzar sus saetas contra los que llamasen a la portezuela; me hablaron de bosques y tenebrosas montañas, del collado Dificultad, de los leones, de los tres gigantes Sanguinario, Aporreador y Mata-lo-bueno. Además, dijeron que por el valle de Humillación vaga un ente inmundo que casi acabó con Cristiano, y que tendría que atravesar el valle de Sombra-de-Muerte, donde abundan duendes y espectros, donde la luz son tinieblas, y donde el camino está erizado de redes, barrancos, trampas y armadijos. Luego me refirieron lo del gigante Desesperación con el castillo de la Duda, y la ruina que allí aguardaba a los peregrinos; me dijeron que tendría que cruzar la Tierra-Encantada, que es peligrosa, y que, por fin, daría con un río que me separaría del país celestial, y para salvar el cual no existe puente alguno.
GRAN-COR - ¿Nada más?
VALIENTE - No fue esto todo. Advirtiéronme que en el camino abundan farsantes y toda clase de gente mala que acechan a los buenos para desviarlos.
GRAN-COR - ¿Cómo comprobaron esto?
VALIENTE - Me aseguraron que un tal Sabio según-el-mundo, acecha a los caminantes para engañarlos; que Formalista é Hipocresía están continuamente por allí; que interés-privado, Locuacidad o Demas se me acercarían con sus seducciones; que Adulador me prendería en su red; o en compañía de Ignorancia de la cabeza verde, presumiría yo llegar hasta la puerta del cielo, y sólo conseguiría llegar al postigo que existe en la falda de cierto collado, por el que sería arrojado por el camino más corto al infierno.
GRAN-COR - Estas noticias eran harto desanimadotas: y con esto ¿pusieron fin a sus persuasiones?
VALIENTE - Nada de eso. Después probaron otros medios y me contaron de muchos que antiguamente habían probado este camino, y se habían adelantado mucho en él por ver si por ventura descubrían algo de aquella gloria que tantas personas habían ponderado, y con gran satisfacción del país entero regresaron, calificándose de fatuos por haber dado un solo paso en esa dirección; y por más señas, me nombraron varios que habían obrado así, cuales eran Obstinado y Flexible, Temeroso y Desconfianza, Vuelve-atrás y Ateo, junto con otros varios, algunos de los cuales, decían, habían ido muy lejos en busca de esas dichas, pero ni uno de ellos había sacado de sus esfuerzos la más mínima ventaja.
GRAN-COR - ¿Objetaron algo más para desalentarte?
VALIENTE – Sí -por último, me hablaron de un peregrino, llamado Receloso, que encontró el camino tan solitario, que en todo él no disfrutó de una hora agradable; y de un tal Desaliento, que estuvo a pique de morir de hambre; y además, lo que casi había olvidado yo, agregaron que Cristiano mismo, de quien tanto ruido se había hecho, A pesar de todos sus esfuerzos para conseguir una corona celestial, indudablemente pereció ahogado en el Río Negro, sin lograr dar un paso más allá, por más que lo habían callado.
GRAN-COR - ¿Y nada de esto te desanimó?
VALIENTE - Muy al contrario, todo cuanto decían me parecía que no tenía importancia alguna.
GRAN COR - ¿Cómo fue eso?
VALIENTE - Fue porque todavía creía lo que Cuenta-la-verdad, había dicho, y esta convicción me hacía despreciar toda clase de temores.
GRAN-COR - Esta, pues, fue tu victoria, tu fe.
VALIENTE - Justo; creí, y por eso me puse en el camino; batíme con todos cuantos se opusieron a mi paso, y por la fe he llegado hasta aquí.
Miren bien estos ejemplos:

Los que quieran ser viadores,
Y desechen los temores
De este valle terrenal.
Viento, lluvia ni borrasca.
Apartan al peregrino,
Que, firme, sigue el camino
De la Patria Celestial.
Aunque le cuenten historias
Para infundir desaliento,
No conseguirán su intento
Ni su fuerza abatirán;
Ni los leones le arredran,
Ni el infierno le intimida,
Y con marcha sostenida
Llega al fin a Canaán.
Los espectros y fantasmas.
Que ante el cobarde aparecen,
Con la fe se desvanecen
Y no asustan al leal:
Y Satanás, derrotado
Por el bravo peregrino,
Le deja libre el camino
De la Patria Celestial.

Ministerio 100% bíblico
Hacemos traducciones cristianas del Inglés - Español - Inglés
Consulta nuestro índice de libros que podemos traducir para tí.
Tenemos obras cristianas desde el siglo XV en formato electrónico.

"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

Este sitio está siendo desarrollado por:
Martha Iñiguez Moreno
Por favor, haga llegar cualquier comentario sobre el mismo a:

lady59cat@yahoo.com.mx


Ladycat