La Peregrina

Porque por gracia sois salvos

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CAPÍTULO XIV
Ocúpanse de Terco los peregrinos en su conversación.
Llegan a la posada de Gayo.
Cariñoso recibimiento que allí se les hizo.

Con las palabras antes citadas, Gran-Corazón puso término a su plática sobre Receloso, pero no por eso decayó la conversación. Integridad en seguida empezó a hablar de otro que se llamaba Terco.
-Este -dijo el anciano -aparentaba ser peregrino, pero estoy persuadido de que nunca entró por la portezuela.
GRAN-COR - ¿Le hablaste alguna vez sobre el particular.
INTEG - Sí, más de dos veces; pero su carácter cuadraba con su nombre: era siempre voluntarioso. No hacía caso ni de personas, ni de argumentos, ni de ejemplos; hacía lo que se le antojaba, y ninguna persuasión podía con él.
GRAN-COR - Sin duda sabrás y podrás decirnos por que principios se regía.
INTEG - Mantenía que uno puede imitar los vicios lo mismo que las virtudes de los peregrinos, y que haciendo así has cosas, de seguro se salvaría.
GRAN-COR - ¡Cómo! Si hubiera dicho que es posible que los mejores sean culpables de los vicios, a la par que puedan participar de las virtudes de los peregrinos, no podríamos contradecirle, porque no estamos absolutamente exentos de ningún vicio, sino en cuanto velemos y resistamos Pero veo que no es esto lo que quería decir; si te he comprendido bien, ese sujeto mantenía que era lícito hacerlo.
INTEG - Justo; así lo creía y así lo practicaba.
GRAN-COR - Pero ¿qué fundamento tenía para semejante aserción?
INTEO - Decía que tenía en apoyo suyo las Sagradas Escrituras.
GRAN-COR - Te agradeceremos que nos cuentes algún detalle.
INTEG. Con todo mi corazón. Decía que el tener trato con las mujeres de otros hombres había sido practicado por David, el amado de Dios, y, por consiguiente, él podía hacerlo; que el tener pluralidad de esposas era lo que Salomón había practicado; luego él podía seguir su ejemplo; que Sara, las piadosas comadronas de Egipto, y Rahab, que fue salvada cuando la toma de Jericó, mintieron, y él tiene derecho a hacer lo mismo; que los discípulos fueron por orden de su Señor a robar un asno, lo cual le daba a él licencia para hurtar; que Jacob logró de su padre la herencia por medio de fraude y disimulo, y que él, por consecuencia podía seguir con impunidad el camino del engaño.
GRAN-COR - ¡Ruin y miserable! ¿Y estás seguro que sostenía tales opiniones?
INTEG - Le he oído abogar en defensa de ellas, alega argumentos para probarlas, y citar las Escrituras en apoyo de ellas.
GRAN-COR - Tal opinión no es digna de crédito alguno.
INTEG - Entiéndelo bien: no decía que todo hombre pudiese hacer esto, pero sí que las personas que poseyesen las virtudes de los que practicaban tales cosas tenían licencia para hacer lo mismo.
GRAN-COR - Pero ¡qué conclusión tan falsa! Esto es lo mismo que si dijera que, puesto que algunas buenas personas en tiempo pasado han pecado por causa de sus debilidades, él tenía por eso derecho a hacer lo mismo A sabiendas y presuntuosamente; ó porque una criatura, empujada por una ráfaga de viento, o por haber dado con una piedra, cayó y se manchó con el barro, él podía de propósito echarse en el cieno y revolcarse en él como un jabalí, quién hubiera creído que uno pudiese estar tan obcecado por la concupiscencia? Es verdad lo que está escrito: «Tropezaron en la palabra, siendo desobedientes: para lo cual fueron también ordenados».
Suponer que los que se entregan de intento; a los vicios que han caracterizado a   algunos hombres piadosos, pueden poseer sus virtudes, es también una equivocación grande como la otra. Es como si un perro dijera: -Tengo o puedo tener las cualidades del niño, porque devoro asquerosos excrementos - Cometer con premeditación pecados del pueblo de Dios, no es seña de que uno posee sus virtudes; ni puedo creer que una persona que niegue tal opinión pueda tener fe en Dios o amor hacia El, yo sé que refutaste sus ideas con algunas razones poderosas, ¿Que dijo en defensa suya?
ÍNTEG - Alegó que parece mucho más honroso hacer como resultado de creencias, que hacerlo a pesar de opiniones contrarias.
GRAN-COR - Este razonamiento es perverso en extremo, aunque es malo dar rienda suelta a las pasiones y concupiscencia, mientras las opiniones lo reprueban, el pecar y alegar licencia para ello es peor. Lo primero hace tropezar a los demás inopinadamente, mientras lo segundo conduce, a fuerza de argumentos, a la trampa que les está armada.
INTEG - Hay muchos que son del mismo parecer que ese malvado, pero no tienen la misma desvergüenza en manifestarlo, y esto es lo que desacredita tanto la vida de peregrinación.
GRAN-COR - Desgraciadamente, es verdad; pero quien teme al Rey del Paraíso, saldrá de en medio de ellos.
CRIST - Por el mundo corren opiniones harto extrañas. Conocí a uno que decía que habría tiempo para arrepentirnos cuando llegara la hora de la muerte.
GRAN-COR - Tales personas no son debidamente sabias. Si a aquel hombre se le hubiese concedido el plazo de una semana para correr siete leguas para salvar su vida, no hubiera querido aplazar la carrera toda hasta la última hora de la semana.
INTEG - Perfectamente: no obstante, la mayor parte de los que se titulan peregrinos, en verdad obran así. Soy anciano, como podéis ver: hace mucho tiempo que sigo este camino, y he reparado en muchas cosas. He visto A algunos salir con tantos bríos, que al parecer nada podría sostenerse delante de ellos, y, sin embargo, a los pocos días han quedado muertos como los Israelitas en el desierto, y así nunca han visto la tierra de promisión. Otros he visto que al principio no prometían nada, y uno hubiera creído que no perseverarían un solo día, pero al fin y al cabo han llegado a ser buenos y fieles peregrinos. He visto a algunos que echaron a correr apresuradamente hacia la vida, y que después de un rato volvieron atrás con la misma precipitación. He conocido a algunos que de buenas a primeras hablaban muy bien de la vida de peregrinación, y al poco tiempo, no han podido hablar peor de ella. He oído a algunos, al emprender su viaje hacia el Paraíso, afirmar positivamente que tal lugar existe, y los mismos, cuando ya les faltaba poco para alcanzarlo, han regresado negando su existencia. A otros les he oído hacer alarde de lo que harían, caso encontrar oposición, y, sin embargo, por una falsa alarma han dado al traste con su fe, con la vida de peregrino y todo.
Mientras así hablaban nuestros peregrinos, vino uno corriendo a su encuentro, y gritando:
-Señores, si aprecian ustedes sus vidas, pónganse en a salvo que los ladrones están delante.
-Serán los tres que en otra ocasión asaltaron a Poca-Fe -dijo el guía; -pero que vengan, ya estamos preparados
Y continuaron su camino, mirando a todas partes por si acaso diesen con aquellos bribones; pero sea que oyeron hablar de Gran-Corazón, sea que estaban en busca de presa, no molestaron a los viajeros con su presencia. En este punto Cristiana manifestó deseos de encontrar posada para ella y sus hijos, porque se sentían fatigados.
-Hay una un poco más adelante -dijo Integridad, -donde mora un discípulo honrado, llamado Gayo. A esta noticia se decidieron todos a dirigirse allí, tanto más, cuanto el anciano hablaba también de ella. Llegados a la casa, entraron sin llamar, porque no suele llamarse a la puerta de una posada. Preguntaron por el patrón, y cuando éste pareció, preguntáronle si podían hospedarse allí aquella noche.
-Sí, señores -respondió Gayo, -si sois personas rectas, mi casa solo sirve para albergue de peregrinos.
Alegráronse todavía más Cristiana, Misericordia y los muchachos, al saber que el posadero quería y respetaba a los peregrinos. Entonces pidieron habitaciones, y pronto se hallaron todos cómodamente alojados.
Luego preguntó el guía: -Buen Gayo, ¿qué tienes para cenar? Estos peregrinos vienen de lejos y están cansados.
GAYO - Es tarde ya, de modo que no podemos salir a comprar; pero lo que tenemos en casa está a vuestra disposición, si esto os basta.
GRAN-COR - Estaremos contentos con lo que tienes en casa, porque sé, por experiencia propia, que nunca te falta lo que es conveniente.
Seguidamente bajó el posadero a dar órdenes al cocinero, que se llamaba Cata-lo bueno, á que arreglase la cena para tantas personas. Hecho esto, subió de nuevo, y díjoles; -Ahora, buenos amigos, bienvenidos seáis: y me alegro de tener casa que ofreceros. Si os place, mientras están preparando la cena, nos entretendremos con buena conversación. A una voz dieron los huéspedes a entender que estaban conformes.
GAYO - Esta matrona, ¿de quién es esposa?, y esta doncella, ¿de quién es hija?
GRAN-COR - La señora era esposa de un tal Cristiano, peregrino de otro tiempo: éstos son sus cuatros hijos. La moza es una de sus conocidas, a quien ha persuadido a que la acompañe. Los hijos siguen el ejemplo de su padre y anhelan perseverar en sus huellas; siempre que ven algún lugar donde el anciano peregrino se había acostado, o descubren alguna que otra de sus pisadas, se regocijan y sienten el anhelo de acostarse en el mismo lugar o poner sus pies en la misma huella.
GAYO - ¡Esta es la esposa de Cristiano! ¡Y éstos son sus hijos! Pues conocía al padre de tu marido, y también a su abuelo. Muchos de esta estirpe han sido virtuosos; sus antepasados vivían primero en Antioquía. Los progenitores de Cristiano (no dudo que le hayas oído hablar de ellos) personas muy beneméritas. Estos, sobre cuantos he conocido, han descollado en virtud y valor, siendo fieles al Señor de los peregrinos, a sus veredas y a los que le amaban. He oído hablar de muchos de los parientes de tu marido que han soportado toda suerte de pruebas por amor de la verdad. Esteban, que era uno de los primeros de este linaje, fue apedreado; Jacobo, otro del mismo linaje, fue muerto a filo de espada; y por no decir nada de Pablo y Pedro, que también eran de esta ascendencia, hubo Ignacio, qué echado a los leones; Romano, cuya carne le fue cada arrancada poco a poco de sus huesos, y Policarpo, que se mantuvo valiente en medio de las llamas. Hubo uno que fue clocado en un serón y colgado al sol para ser devorado de las avispas, y otro que, encerrado en un saco, fue echado al mar, y ahogóse. Sería, para nunca acabar enumerar los que de aquella familia han padecido ultrajes y martirios por amor a la vida de peregrino. Ni puedo dejar de alegrarme al ver que tu marido ha dejado cuatro jóvenes como éstos. Espero que mantengan el honor del nombre de su padre, que seguirán sus pisadas y que alcanzarán el mismo fin que él.
GRAN-COR - Pues sí; son jóvenes que prometen mucho; que de corazón han decidido seguir a su padre.
GAYO - ¡Lo dicho, dicho! Por eso es probable que la familia de Cristiano se esparcirá sobre la haz de la tierra, y llegará a ser muy numerosa; por lo tanto conviene que Cristiana escoja doncellas para sus hijos, a las que puedan ser desposados, «a fin de que el nombre de su padre y la casa de sus progenitores nunca sean olvidados en el mundo».
INTEG - Sería lástima que esta familia decayese y se extinguiese.
GAYO - Es imposible que perezca, pero podría amenguarse; que Cristiana tome mi consejo, y ese es el modo de sostenerla. Entonces, dirigiéndose a Cristiana el posadero, prosiguió: -Me alegro de verte aquí con tu amiga Misericordia, hermosa pareja. Si se me permite aconsejarte estrecha más todavía tus relaciones con esta joven, y si ella consiente en ello, que sea desposada con Mateo, tu hijo mayor. Esta es la manera de conservar posteridad en la tierra.
El consejo de Gayo les cayó en gracia; efectuáronse los desposorios, y andando el tiempo, los jóvenes fueron unidos en matrimonio; pero de esto trataremos más adelante.
-Ahora -prosiguió Gayo -hablaré a favor de las mujeres para quitarles su oprobio. Así como la muerte y la maldición entraron en el mundo por medio de una mujer, así también la vida y salud. «Dios envió a su Hijo, hecho de mujer». Y aun más se demuestra, cuánto los que vinieron después de ella aborrecían el hecho de nuestra común madre, en que este sexo, en tiempo del Antiguo Testamento, deseaba tener hijos, por si acaso ésta o aquélla pudiese ser madre del Salvador del mundo.
Cuando por fin vino el Salvador, las mujeres se regocijaron en Él antes que hombre o ángel. No veo que hombre alguno haya dado a Cristo siquiera un maravedí; pero las mujeres le siguieron sirviéndole de sus haciendas. Fue mujer quien lavó sus pies con lágrimas, y una mujer también ungió su cuerpo anticipadamente para su entierro. Fueron mujeres las que lloraron cuando lo condujeron al suplicio, y mujeres las que le siguieron desde la cruz y se sentaron junto a su sepulcro cuando se le enterró. Las primeras que estuvieron con Él en la mañana de Resurrección fueron mujeres, y mujeres también las que primero llevaron a sus discípulos la noticia de que había resucitado. Las mujeres, por lo tanto, son altamente bendecidas, y se ve por estas cosas que participan con nosotros de la gracia de la vida.
Entretanto, el cocinero envió a decir que la cena estaba lista, y vino un criado para poner el mantel y arreglar la mesa.
La vista de este mantel -dijo Mateo -y de estos preparativos de la cena me excitan el apetito.
GAYO - Así todas las doctrinas y ministros deben engendrar en ti en esta vida mas vivos deseos de participar de la del gran Rey en su reino; pues la predicación, los libros y demás no son sino el colocar sobre la mesa la vajilla, los preparativos de la comida, en comparación del que el Señor nos hará cuando lleguemos a su casa, enseguida se sirvió la cena en primer lugar se les puso delante una espaldilla, (como la que antiguamente se ofrecía en ofrenda a Dios) y un pecho (que les recordaba el pecho que se agitaba delante del Señor), dando a entender que debían dar principio a la comida con oración y alabanza, siguiendo el ejemplo de David, quien acostumbraba elevar su corazón a Dios y celebrar sus mercedes con el arpa. Estos dos platos eran frescos y buenos, y todos comieron bien de ellos.
Luego les trajeron una botella de vino, rojo como la sangre.
-Podéis beber de esto sin reserva -dijo Gayo;  -es el jugo de la vid verdadera, el cual alegra a Dios y a los hombres.
Bebieron, pues, y regocijáronse. Seguidamente presentaron un plato de leche con pan.
-Que los muchachos tengan esto -dijo Gayo, -para que por él crezcan en salud.
Después de esto se les trajo manteca y miel.
-Comed liberalmente de esto -dijo el posadero; -es bueno para animar y fortalecer vuestro juicio y discernimiento. Esta era la comida de nuestro Señor cuando niño: «Comerá manteca y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.»
Al ver que traían un plato de fruta en sazón y de buen sabor, Mateo preguntó si era lícito comer de ella, pues fue con ella con lo que sedujo la serpiente a nuestra primera madre.
A lo cual contestó Gayo:

Con las manzanas fuimos engañados;
Más la culpa, no el fruto, nos condena;
Los frutos dañan, cuando son vedados;
Comer lo no vedado, es cosa buena.
Come, Iglesia, los frutos regalados,
El vino bebe, que de gozo llena,
Y si, enferma de amor, estás postrada,
Pronto te sentirás corroborada.

MATEO - He manifestado mi escrúpulo, porque hace tiempo caí enfermo por haber comido fruta.
GAYO - Digo y repito que la fruta prohibida te hará mal, no la que nuestro Señor permite.
Mientras así hablaban, se les puso delante un plato de nueces. A la vista de estas, algunos dijeron.
-Las nueces echan a perder los dientes, especialmente los de los niños.
Gayo, oyendo la observación, disipó el recelo, diciendo:
El texto dificultoso
Es a la nuez parecido:
La dura cáscara impide
Llegar al fruto escondido;
Pero se rompe la cáscara,
Y ya puede ser comido.
Reinaba mucha expansión entre los huéspedes, y permanecieron largo rato a la mesa, entreteniéndose en agradables discursos.
-Buen patrón -dijo entonces el anciano Integridad, -mientras estamos cascando nuestras nueces, veamos si descifrarás este enigma:
Un hombre a quien por loco se temía.
Tanto más rico estaba
Cuanto más repartía.
Esperaban todos con atención por ver cuál sería la respuesta de Gayo. Después de un momento de silencio, dijo:
Quien de sus bienes a los pobres da,
De nuevo, y con aumento, lo tendrá.
José quedó admirado de que tan fácilmente lo hubiese acertar.
-¡Oh! -dijo Gayo -desde hace mucho tiempo he sido instruido en estas materias; nada enseña como la experiencia. De mi Señor he aprendido a ser benigno y generoso, y siempre he hallado que de este modo la ganancia ha sido de mi parte. «Hay unos que reparten, y les es añadido más; hay otros que son escasos más de lo que es justo, y vienen a la pobreza». «Hay algunos que se hacen ricos, y no tienen nada, y otros que se hacen pobres, y tienen muchas riquezas».
SAMUEL. (Al oído de su madre.). Madre, esta es la casa de un muy buen varón; quedémonos aquí un buen espacio de tiempo, y que mi hermano Mateo se case con Misericordia antes de que vayamos más lejos.
-De buena voluntad, hijo -respondió Gayo, que había oído la conversación.
Pusiéronse, por lo tanto, de acuerdo, y permanecieron allí más de un mes, en cuyo intervalo se efectuó el enlace. Misericordia, durante este tiempo, no cejó en hacer, como era su costumbre, ropa y vestidos para los pobres, por cuyas prendas contribuyó a la buena reputación de que gozaban los peregrinos. Pero volvamos a nuestro relato.
Concluida la cena, los muchachos quisieron retirarse, sintiéndose muy fatigados del viaje. Así, pues, los condujeron al cuarto que les era destinado, y durmieron tranquilamente hasta la mañana. Pero los demás velaron toda la noche, porque posadero y huéspedes hallaban tanto placer en su mutua compañía, que no sabían cómo separarse. Después de mucha conversación acerca de su Señor, de sí mismos y de su viaje, el anciano Integridad comenzó a cabecear.
¡Cómo! -dijo Gran-Corazón, -¿estás soñoliento? Vamos despabílate: aquí tienes un enigma.
INTEG - Oigámoslo,
Entonces -dijo Gran-Corazón:

Debe ser antes vencido
Aquel que quiera vencer,
Y morir dentro de casa
Si vivo, fuera, ha de ser.

INTEG - Cierto que es un enigma difícil; difícil de explicar, aun más difícil de poner en práctica. Si quieres, señor Gayo, te lo dejaré; explícalo, y de buena gana te escucharé.
GAYO - No, que el enigma a ti ha sido propuesto, y de ti será la respuesta, entonces dijo Integridad:

Debe ser por la gracia vencido
Quien quisiere el pecado vencer;
Y tendrá que morir a sí mismo
El que vida desee tener.

GAYO - Tienes razón; la buena doctrina y la experiencia enseñan esto. Porque, primero: hasta que se manifieste la gracia, y con su gloria venza el alma, es de poca utilidad resistir al pecado; además, como el pecado es la cuerda de Satanás con la que tienes ligada el alma, ¿como puede ésta oponerse antes de que sea librada de esta dolencia? Y segundo nadie que conozca o la razón o la gracia, creerá que el hombre que es esclavo de sus propias pasiones sea un monumento vivo de la gracia divina. Y ahora que se me ocurre, os contaré una historia que merece la pena de ser escuchada. Dos hombres iban en peregrinación; el uno comenzó siendo aún joven, el otro cuando era anciano. El joven tuvo que sostener una lucha contra fuertes corrupciones; las pasiones del anciano estaban debilitadas por la decadencia de la naturaleza. El joven marchaba con paso tan firme y tan ligero como el viejo. ¿En cual de los dos resplandecería más claramente la gracia, siendo que ambos parecían iguales?
INTEG - En el joven, indudablemente, porque lo que hace frente a la más fuerte oposición, demuestra mejor que es el más fuerte, especialmente cuando corre parejas con aquello que no encuentra la mitad de la resistencia, como seguramente pasa con la vejez. Además, he notado que frecuentemente los ancianos se congratulan de una equivocación, es decir, que toman el decaimiento de la naturaleza por una conquista sobre sus corrupciones, y así se han engañado. Naturalmente, los ancianos que poseen la gracia divina, son los que mejor pueden aconsejar a los jóvenes, porque han visto más la vanidad de las cosas. Sin embargo, cuando un anciano y un joven emprenden juntos el camino, éste tiene la ventaja del más hermoso descubrimiento de una obra de gracia en su alma, aunque las pasiones de aquél son más débiles.

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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