La Peregrina

Porque por gracia sois salvos

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CAPÍTULO XI
Los peregrinos, acompañados de Gran-Corazón, pasan felizmente por el valle de Humillación.
Visitan el sitio donde tuvo lugar el combate entre Cristiano y Apollyón.

Así agradablemente entretenidos, oyeron que llamaban a la puerta. Era Gran-Corazón, y grande fue el gozo de los peregrinos al verlo; su presencia les recordaba cómo hacía poco tiempo había dado muerte al feroz gigante Grima el Sanguinario, y los había librado de los leones.
Saludando a Cristiana y Misericordia, les dijo:
-Mi Señor ha enviado a cada una de vosotras una botella de vino, junto con un poco de grano tostado y un par de granadas; también ha mandado para los muchachos algunos higos y pasas: esto os servirá de refrigerio durante el camino.
Luego se dispusieron a marchar, y Prudencia y Piedad os acompañaron un rato. A la puerta, Cristiana preguntó al portero si recientemente alguno había pasado por aquel camino.
-No -dijo, -pero hace algún tiempo pasó uno, quien me contó que acababa de cometerse un robo de consideración en el camino real por donde habréis de pasar; pero –añadió -ya han capturado a los salteadores, y pronto instruirán causa criminal contra ellos.
Las mujeres se asustaron algún tanto, al recibir estas noticias.
-No hay que tener miedo, madre -dijo Mateo,-puesto que el señor Gran-Corazón ha de acompañarnos.
Cristiana se despidió afectuosamente del portero.
-Me hallo –dijo -sumamente agradecida por las bondades que has mostrado conmigo desde que llegué a esta casa, y por el trato cariñoso y amante que has tenido con mis hijos; no sé cómo recompensar tales favores; pero en prueba de mi agradecimiento, sírvete aceptar esta friolera;.y diciendo esto, puso una pieza de oro en su mano.
El portero la saludó respetuosamente, y dijo:
-Que tus vestidos sean siempre blancos y no falte el óleo santo a tu cabeza. Que Misericordia viva y no escaseen sus obras.
Y a los muchachos dijo:
-Huid de los deseos juveniles, y seguid la santidad en compañía de los que son circunspectos y sabios; así infundiréis gozo en el corazón de vuestra madre, y alcanzaréis alabanza de parte de todos los que gozan de sano juicio.
Emprendida ya la marcha, adelantáronse hasta llegar a la cumbre del collado. En aquel momento, Piedad se acordó de que había dejado en casa un regalo para nuestros viajeros, y volvió apresuradamente en busca de él. Durante su ausencia, Cristiana oyó, procedente de un bosque a poca distancia de ellos, a la derecha, un trino extraño y de una armonía exquisita con palabras semejantes a éstas:

Has mostrado tu favor
En mi vida sin cesar;
Y en tu casa, Dios de amor,
Para siempre he de morar.
Escuchando con atención, parecía que otras notas constaban a las primeras, diciendo:
¿Por qué? Porque el Señor es bondadoso;
Segura para siempre es su piedad;
Y mientras pasa el tiempo presuroso,
Permanece inmutable su verdad.

-¿Qué es lo que produce tan melodiosas notas? -preguntó a Prudencia.
-Son nuestros pájaros silvestres -respondió; -raras veces entonan estos acordes, si no es en la primavera, cuando aparecen las flores y los rayos del sol empiezan a hacer sentir su calor; entonces se les puede oír durante todo el. Muy a menudo salgo a escucharlos, y a  veces también los tenemos domesticados en casa. Nos hacen buena compaña cuando estamos abatidas de espíritu, y convierten los bosques y lugares solitarios en sitios deliciosos y apetecibles.
Pronto apareció de nuevo Piedad, y dijo a Cristiana:
-Mira, te traigo una relación de las cosas que has visto en casa, la que servirá para traerlas a la memoria para tu edificación y consuelo, si acaso llegas a olvidarlas.
Juntos descendieron del collado al valle de Humillación, la cuesta era escarpada y el camino resbaladizo; pero andando con mucha cautela, bajaron sin tropiezo. Una vez en el valle, Piedad dijo a Cristiana:
-Este es el sitio donde tu marido se encontró con el infernal Apollyón, y se trabó la empeñada lucha de que sin duda has oído hablar. Pero ten ánimo; teniendo a Gran-Corazón con vosotras, esperamos que tendréis mejor suerte. En este punto, después de haberlas encomendado al cuidado y protección de su guía, las doncellas se despidieron de ellos. Por el camino dijo Gran-Corazón:
-No hay que tener tanto miedo a este valle, pues aquí no hay nada que pueda dañarnos, a no ser que atraigamos el mal sobre nosotros mismos. Es verdad que aquí Cristiano encontró a Apollyón, con quien tuvo una lucha encarnizada; pero aquella refriega fue resultado de los deslices que tuvo al bajar el collado; a los que resbalan allí les aguardan combates aquí.
Por eso este valle tiene tan mala fama; pues el vulgo, oyendo decir que algún desastre ha acontecido a Fulano de Tal en tal sitio, se imagina que el lugar es frecuentado por algún demonio o espíritu malo, cuando, desgraciadamente, estas cosas que pasan a los viajeros son el fruto de sus obras.
Este valle de Humillación es, en efecto, una comarca tan fértil como otra cualquiera fecundada por el sol, y estoy convencido que no será difícil que encontremos algo por aquí que explique el porqué Cristiano se halló tan apurado.
JAIME - ¿Qué es aquella columna? Parece que hay algo escrito en ella; vamos a  verlo.
Acercáronse, y encontraron un letrero que decía: «Los deslices de Cristiano, antes de llegar a  este sitio, fueron causa de la lucha que aquí tuvo que sostener; sirva esto de amonestación a  los que en lo sucesivo viajen por este camino.»
GRAN-COR - ¿No os dije que debía hallarse por aquí alguna explicación de los apuros de Cristiano?, dicho sea esto -añadió volviéndose hacia Cristiana -sin desdoro de Cristiano ni de otros muchos que han tenido igual suerte, pues es mucho más fácil subir esta cuesta que bajarla, lo cual puede decirse de muy pocas colinas. Pero dejemos en paz al buen hombre, descansa ya, y además alcanzó una victoria espléndida sobre su enemigo, quiera el que mora en las alturas que no nos sobrevenga otra cosa peor cuando, como él, pasemos por la prueba.
Volvamos ahora a tratar de este valle de Humillación, en toda esta región no hay un territorio tan bueno y fértil corno éste. El terreno es rico, y ya veis cómo abundan los prados.
Llegue alguno como nosotros en verano, y aunque no sepa nada anteriormente de este sitio, si sabe apreciar o que se le ofrece a la vista, no puede dejar de recrearse con su perspectiva.
¡Cuan verde está el valle. Cuan hermoseado con los lirios! He conocido a muchas personas de la clase trabajadora que han logrado tener buenas posesiones en esta comarca («Dios resiste á los soberbios y da gracia a los humildes»), por cuanto el terreno es muy fecundo y produce muchísimo algunos también han sentido no poder pasar directamente de este valle a la casa de su Padre Celestial, y evitar las molestias que causa el atravesar los collados y montañas; pero el camino está trazado, y hay que seguirlo.
En esta agradable conversación entretenidos andaban todos, cuando percibieron un zagal que apacentaba las ovejas de su padre. El mozo vestía ropa muy basta; pero tenía el rostro risueño y bien parecido, y sentado distraíase de sus ocios cantando.
-Escuchad lo que canta -dijo Gran Corazón.
Prestando atención, oyeron que cantaba lo siguiente:

Caer no teme quien en tierra yace;
El que no tiene orgullo no se eleva;
Jesús en el humilde se complace
Y, como Guía, a su mansión le lleva.
Con lo que Dios me da vivo contento,
En estrechez lo mismo que en holgura;
Por seguirte, Señor, feliz me siento
Bajo tu santa protección segura.
Es peso la abundancia al peregrino,
Que le impide marchar con ligereza;
Será mejor con poco en el camino,
Luego tendrá la celestial riqueza.

GRAN-COR - ¿Lo oís? Me atrevo a afirmar que ese mozo lo pasa más alegremente y tiene el espíritu más tranquilo y sosegado que aquel que viste seda y terciopelo; pero reanudemos nuestra plática.
En otro tiempo nuestro Señor tenía una morada en este valle; le gustaba mucho estar aquí; se complacía en pasear por esos prados y respirar su agradable brisa. En este sitio, uno se halla libre del ruido y bullicio de la vida. La confusión y el estrépito son anejos a todos los demás estados; sólo en el valle de Humillación pueden encontrarse la tranquilidad y el retiro.
Nada hay que estorbe a uno en sus meditaciones, como suele haber en los demás sitios. Es un valle que nadie frecuenta sino aquel que ama la vida de peregrino; y si bien Cristiano tuvo la mala suerte de encontrarse aquí con Apollyón, y de batirse aquí furiosamente con él, os advierto que en otras ocasiones los hombres han encontrado ángeles por este camino, han dado con perlas preciosas y han hallado palabras de vida eterna.
No sólo tenía nuestro Señor una residencia aquí, como dije, y hallaba un placer especial en andar por ahí, sino que ha legado a los que viven en el valle o lo atraviesan una renta anual, la cual se les ha de pagar regular y fielmente para su manutención, y a fin de animarlos a proseguir su peregrinación.
SAM - Entiendo que en este paraje mi padre y Apollyón, se pelearon; pero ¿en qué parte se dio la batalla?, pues veo que el valle es espacioso.
GRAN-COR - Pelearon a corta distancia de aquí, en un estrecho desfiladero, un poco más allá del sitio llamado Llanura del Olvido; y por cierto que es la parte más peligrosa de estos contornos, pues si alguna vez los peregrinos sufren algún desastre, es precisamente cuando se olvidan de los favores que han recibido y de lo inmerecidos que son éstos. Otras varias personas también se han hallado allí en gran apuro; pero hablaremos con más extensión del lugar cuando lleguemos a él, porque estoy persuadido de que quedará hasta hoy algún rastro del combate, o algún monumento para conmemorarlo.
MISER - Me siento tan bien en este valle como en otro cualquiera del camino; me parece que el sitio está en armonía con mi espíritu. Me es muy grato estar donde no se percibe ruido de coches ni de ruedas; aquí puede uno, sin molestia ni estorbo, reflexionar sobre lo que es, de dónde ha venido, lo que ha hecho, y aquello a lo que el Rey le ha llamado; aquí puede uno meditar, humillarse y cultivar la pobreza de espíritu hasta que sus ojos lleguen a ser como «las pesqueras de Hesbon». Los que andan debidamente por este valle de Baca lo convierten en fuente de aguas; la lluvia también, que Dios envía desde el cielo, llena los estanques. De este lugar el Rey dará a los suyos sus viñas, y los que andan por ahí cantarán, como lo hizo Cristiano, a pesar de su encuentro con Apollyón.
GRAN-COR - Es verdad; muchas veces he atravesado este valle, y en mi vida he estado mejor. He servido de guía a varios peregrinos, y ellos han sostenido lo mismo. «A aquél, pues, miraré, dice el Rey, que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra».
En esto llegaron ya al punto donde tuvo lugar el referido combate. Entonces dijo Gran- Corazón:
-He aquí el sitio: en este puesto se mantuvo Cristiano, y de allí salió Apollyón a su encuentro. Y mira, Cristiana, estas piedras están manchadas todavía con sangre de tu marido; y aún podemos ver por acá y allá algunas astillas de los dardos rotos de Apollyón. Este terreno evidencia cuan fuertemente debían golpear el suelo, para afirmarse mejor el uno contra el otro, cuando con sus golpes fallidos hendieron é hicieron trizas las mismas piedras. En verdad que Cristiano se portó valerosamente, y mostró tanto arrojo como lo hubiera podido hacer el mismo Hércules. Cuando Apoliyón quedó vencido, refugióse en el próximo valle, que es el de Sombra de Muerte, al cual pronto llegaremos. Allá también se ve un monumento, en el que hay una inscripción conmemorando por siglos sin fin esta refriega, y la victoria que alcanzó Cristiano.
Los peregrinos dirigieron sus pasos al monumento que se levantaba en el camino mismo, y leyeron la inscripción, que decía textualmente:

Aquí tuvo lugar un gran combate,
Bien extraño, no obstante verdadero:
Cristiano y Apollyón, valientes ambos,
Provistos de sus armas se batieron.
Mas Cristiano luchó con tal destreza,
Que puso en fuga a su enemigo fiero;
Y en memoria del triunfo se levanta
Este noble, perenne monumento.

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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