La Peregrina

Porque por gracia sois salvos

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CAPÍTULO X
Los intereses mundanos y la misericordia no están de acuerdo -Funestos resultados de la desobediencia, vistos en la enfermedad de Mateo -Enseñan a los peregrinos cosas maravillosas antes de reanudar su viaje.

Hacía ya cosa de unos ocho días que los peregrinos se hospedaban en esta casa, cuando Misericordia fue objeto de marcadas atenciones por parte de un sujeto que empezó a frecuentar la casa. Este, que se llamaba Buen negocio, demostraba una regular educación y era piadoso en apariencia, pero estaba muy apegado al mundo.
Poseía Misericordia muchos atractivos; era de lindo y agradable rostro, acostumbraba estar siempre ocupada, y cuando no tenía nada que hacer por su propia cuenta, hacía calceta y vestidos para regalarlos a los necesitados. Buen-negocio, que no sabía dónde ni cómo Misericordia disponía de sus labores, enamoróse de ella porque nunca la encontraba ociosa, y decía para sí: Apuesto a que será buena mujer de su casa.
Misericordia manifestó a las doncellas de la casa lo que pasaba, y les pidió informes acerca de su pretendiente, porque lo conocían mejor que ella.
-Es un joven aprovechado –dijeron -y hace profesión de religión; pero, según tememos, es extraño al poder regenerador del Evangelio.
-En ese caso -afirmó Misericordia -todo se acabó porque tengo el firme propósito de no tener jamás marido que pueda servirme de estorbo en el camino que he emprendido.
Prudencia consideraba que la joven no tendría necesidad de buscar medios para despedirle; que el mero hecho de continuar trabajando a favor de los pobres bastaría para entibiar su celo.
En efecto: cuando nuevamente la encontró entregada a sus faenas habituales, haciendo ropa para los pobres, dijo:
-¡Conque siempre trabajando!
-Sí -respondió Misericordia, -o para mí misma o para otros.
-¿Y cuánto ganas al día?
-Hago esto -contestó Misericordia -«para que sea rica en buenas obras dadivosas, atesorando para mi buen fundamento para el porvenir, y alcanzar la vida eterna».
-Pues ¿qué haces de tu trabajo?-preguntóle el mozo.
-Esto lo hago para vestir a los desnudos -dijo.
Tanto le desconcertó esta contestación, que se abstuvo de ir otra vez a la casa, y cuando le preguntaban por qué, respondía que la moza era graciosa en verdad, pero tenía ideas caprichosas.
-¿No te dije -exclamó Prudencia -cuando el aspirante hubo abandonado la empresa, que el señor Buen-negocio pronto te dejaría? Y tal vez te calumniará, porque sin embargo de la profesión que hace de religión, tú y él sois de una índole del todo distinta, y la misericordia es ajena a su naturaleza.
MISER - He tenido varios pretendientes ya; pero aunque no se quejaban de mi persona, la índole de mi carácter les disgustaba, de manera que no podíamos estar de acuerdo.
PRUD - Hoy día la misericordia es tenida en poca estima; las gentes se enamoran del nombre, pero la práctica de ella les es demasiado molesta.
MISER - Más prefiero morir soltera que cambiar de naturaleza, y estoy resuelta a no aceptar jamás marido que no tenga las mismas disposiciones. Tenía una hermana, llamada Generosa, que se casó con un hombre tacaño y soez; pero como nunca estaban de acuerdo, y mi hermana determinó seguir como antes, mostrándose benevolente para con los pobres, su marido primero la denunció públicamente y luego la echó a la calle, y esto a pesar de hacer profesión de piedad. El mundo está lleno de tales hipócritas pero ninguno de ellos será para mí.
Los peregrinos estaban todavía hospedados en el palacio Hermoso, cuando el hijo mayor de Cristiana cayó gravemente enfermo. Tan fuertes eran los dolores que sufría, que su madre hizo llamar a un anciano y experimentado médico que vivía en aquella vecindad, un tal señor Experto. Este, después de un reconocimiento del enfermo, vio que la dolencia había tomado un aspecto maligno y que deberían aplicarse pronto remedios, pues el muchacho estaba en peligro inminente. Hiciéronse indagaciones por descubrir, si fuese posible, el origen de la enfermedad, y grande fue la inquietud de la madre cuando le recordaron la fruta que su hijo había comido, poco después de haber entrado por la portezuela al principio del camino, y su alarma subió de punto al manifestarle el médico que la fruta procedía del huerto de Beelzebub, y era, por consiguiente, altamente dañosa.
Apuró el señor Experto a favor del enfermo los conocimientos médicos que poseía, y no habiendo acertado con lo primero que le recetó, hízole tomar unas píldoras que al poco tiempo produjeron un resultado en alto grado beneficioso. Abundantes y amargas lágrimas vertió el muchacho al tomar el remedio, pero su llanto cambió en gozo al sentirse libre del dolor y restablecida su salud. Pronto pudo levantarse y pasear por la casa, y así andaba de habitación en habitación hablando con Prudencia, Piedad y Caridad de su enfermedad y de la manera cómo había sido curado.
Cristiana, llena de gratitud por el restablecimiento de su hijo, quería recompensar al médico por sus buenos servicios y cuidados,
-Tendrás -dijo éste -que pagar al principal del Colegio de Médicos, según los reglamentos que tratan del caso.
CRIST - ¿Sirven estas píldoras para otras cosas?
EXPERTO - Es remedio universal y sirve para todas las dolencias a que están expuestos los peregrinos: bien preparado, se conserva siempre bien.
CRIST - En ese caso, le suplico a usted me proporcione una provisión para el camino: teniendo este remedio no tomaré otro.
EXPERTO - Estas píldoras sirven como preventivas lo mismo que para curar: y más puedo asegurarte, que empleado debidamente este remedio, hará que un hombre viva para siempre.
Pero adviértase que no debe tomarse de otra manera que la que he prescrito; de otro modo no hará ningún bien. Entonces dio a Cristiana medicina para ella misma y sus compañeros, y habiendo amonestado a Mateo que no volviese a comer fruta prohibida, saludándolos, despidióse.
Una vez restablecido Mateo, acordándose de que Prudencia se había anteriormente brindado para contestar a cualquier pregunta provechosa que se le dirigiese, preguntóle:
-¿Cómo es que la medicina es generalmente amarga a nuestro paladar?
PRUD - Ahí puedes aprender que de la misma manera son desagradables al corazón mundano la Palabra de Dios y sus efectos.
MATEO - La medicina, cuando acierta, limpia el cuerpo: ¿qué puede aprenderse de esto?
PRUD - Que la Palabra divina, cuando obra eficazmente, purifica el corazón y la mente: lo que la una hace para el cuerpo, la otra lo hace para el alma.
MATEO -¿Qué debemos aprender al ver que las llamas de fuego suben, y que los rayos del sol descienden y hacen sentir su influencia desde arriba hacia abajo?
PRUD - La subida de las llamas nos enseña a elevar el corazón al cielo en fervientes deseos; y los rayos de luz, al descender, nos recuerdan que el Salvador del mundo, aunque excelso, nos alcanza con su gracia y amor aun en nuestra humilde condición.
MATEO - ¿De dónde sacan las nubes su agua?
PRUD - Del mar.
MATEO - ¿Qué podemos aprender de esto?
PRUD - Que los ministros deben recibir su doctrina de Dios.
MATEO - ¿Y del hecho de que descarguen luego sobre la tierra?
PRUD - Que los ministros han de proporcionar al mundo los conocimientos que de Dios tienen.
MATEO - ¿Qué nos enseña el arco iris formado por el sol?
PRUD - Que el pacto de la gracia de Dios nos es confirmado en Cristo.
MATEO - Las fuentes de agua proceden de los grandes depósitos de agua, llegando hasta nosotros filtrándose por la tierra’ ¿hay alguna enseñanza aquí?
PRUD - Sí, podemos aprender que la gracia de Dios llega hasta nosotros por vía de Jesús.
MATEO - ¿Y de los manantiales que se encuentran en la cumbre de los altos collados?
PRUD - Estos enseñan que el espíritu de gracia se manifestará en algunos que son nobles y de alta esfera, lo mismo que en muchos que son pobres y humildes.
MATEO -El fuego, cuando se apodera del pabilo de la bujía, ¿qué debe recordarnos?
PRUD -Esto debe recordarnos que si la gracia divina no enciende nuestros corazones, no habrá en nosotros la verdadera luz de la vida.
MATEO -¿Qué enseñanza hay en el hecho de que se gasten pabilo y cera en la bujía para dar luz?
PRUD - Podemos aprender de esto que el cuerpo, el alma y todo deben estar al servicio de Dios y gastarse para mantener viva en nosotros la gracia divina.
MATEO - Dicen que el pelícano hiere su propio pecho con su pico.
PRUD - Esto decían los antiguos que era para alimentar a sus pequeñuelos con su sangre. Cristo, de tal modo sana a los suyos, que los salva de la muerte derramando su propia sangre.
MATEO - Y ¿qué debe recordarnos el canto del gallo?
PRUD - El pecado de Pedro y su arrepentimiento. El canto del gallo indica también que empieza a amanecer, y debe por eso recordarte el último y terrible día del juicio.
Cuando hubo transcurrido el mes que habían acordado que duraría su permanecía en la casa, los viajeros notificaron a las doncellas que les convenía ponerse de nuevo en marcha. En vista de tal resolución, José recordó a su madre que tendría necesidad de pedir al Sr. Intérprete los servicios de Gran-Corazón para lo que restaba del camino. Cristiana, que lo había olvidado, hizo en seguida una solicitud a ese intento, y rogó a Vigilante, el portero, que la hiciese llegar por algún mensajero de confianza a manos de su fiel amigo, el cual, enterado de su contenido, envió a decir que la petición sería otorgada.
Viendo la familia que los peregrinos estaban decididos a marcharse, se reunieron todos para dar gracias a su Rey por haberles enviado unos huéspedes tan provechosos. Luego quisieron enseñarles algunas de las cosas extraordinarias que había en la casa, a fin de que pudiesen meditar en ellas por el camino.
Primero, en un cuarto pequeño, les mostraron fruto del árbol de que comió Eva y dio después a su marido, por cuyo hecho fueron expulsados del Paraíso. Cristiana, preguntada sobre lo que era, no sabía si era alimento o veneno, y la explicación que de ello le dieron la dejó vivamente impresionada.
En otra parte les enseñaron la escala de Jacob. Había precisamente entonces ángeles que subían por ella, y tan fascinadora era la vista, que los peregrinos no podían apartar sus miradas del espectáculo. Iban a mostrarles otra maravilla, cuando Jaime pidió que los dejasen allí un poco más; permanecieron, pues, largo rato deleitándose con tan agradable perspectiva. Los condujeron después a un lugar donde vieron colgada un ancla de oro. Dijeron a Cristiana que la bajase, porque, añadieron, es de gran importancia tenerla siempre con vosotros, para que podáis con ella trabaros de lo que hay dentro del velo y estar firmes en caso de que os encontréis con tiempo tormentoso. Gustosamente recibieron nuestros peregrinos tan precioso regalo. De allí los acompañaron al monte, al que nuestro padre Abraham fue para ofrecer a su hijo Isaac, y les enseñaron el altar, la leña, el fuego y el cuchillo para aquel sacrificio empleados. La vista de estos recuerdos obligóles a prorrumpir en alabanzas al Señor por el amor y abnegación del patriarca Abraham.
Después de haberles enseñado estas cosas, Prudencia los llevó al comedor, y cogiendo un bien afinado clavicordio, improvisó un cántico, basado sobre lo que sus huéspedes acababan de ver, que decía:

Para saludable aviso,
El fruto de Eva os mostré,
Y la escala con los ángeles
Que vio Jacob en Bethel;
Un áncora de gran precio
Os di para vuestro bien;
Mas estas cosas no bastan,
Si, como Abraham, no ofrecéis
Lo mejor en sacrificio,
Demostrando vuestra fe.

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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