La Peregrina

Porque por gracia sois salvos

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CAPÍTULO VII
Cristiana y sus compañeros, acompañados de Gran-Corazón, llegan a la Cruz: conversación que allí tuvieron respecto de la justificación - Ven a Simple, Pereza y Presunción colgados de una horca para escarmiento de los malhechores.-.Llegan al pie del collado Dificultad.

Después de esto, vi en mi sueño que nuestras peregrinas, siguiendo a Gran-Corazón, llegaron al sitio donde la carga de Cristiano se había deslizado de sus espaldas y rodando había caído en un sepulcro. Allí se detuvieron para bendecir a Dios.
-Ahora -dijo Cristiana -me viene a la memoria lo que se nos dijo a la puerta, es decir, que recibiríamos el perdón por palabra y obra; por palabra, esto es, por la promesa; por obra, esto es, por la manera como nos fue obtenido. Yo sé algo de lo que es la promesa; y usted, señor Gran-Corazón, sabrá sin duda lo que es recibir el perdón por obra; por lo tanto, explíquenoslo si es su voluntad.
GRAN COR - El perdón por obra es el perdón obtenido por uno a favor de otro que tiene necesidad de él. El perdón que vosotros habéis alcanzado os fue procurado por otro, esto es, por Aquel que os dio entrada por la puerta; esto lo ha obtenido de doble manera; ha hecho justicia con que cubriros y ha derramado su sangre para limpiaros.
CRIST - Pero si se desprende de su justicia propia, ¿qué le quedará para él mismo?
GRAN-COR - Tiene más justicia de la que necesitáis. Este de quien hablo no tiene igual. Posee en una persona dos naturalezas, que fácilmente se distinguen, pero no pueden separarse. A cada una de estas naturalezas le pertenece una justicia que le es esencial. Por consiguiente, no participamos de la una ni de la otra justicia, en el sentido de que quedáramos revestidos de ella para vivir por la misma. Además, éste posee una justicia en virtud de la unión de las dos naturalezas, que ni es la justicia de su deidad como distinta de su humanidad, ni la de su humanidad como distinta de su deidad; sino una justicia propia de la unión de estas dos naturalezas, y que puede llamarse la que es esencial a su preparación por Dios para el oficio mediatorio que le fue confiado. No podría desprenderse de la primera sin dejar de ser Dios: ni de la segunda sin manchar su humanidad: ni de la tercera sin abandonar aquella perfección que le habilita para el oficio de Mediador. Posee, pues, otra justicia, que consiste en la obediencia a una voluntad revelada, y de esta reviste a los pecadores y con ella cubre sus delitos. Por lo cual dice: - «Como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos».
CRIST - Y las otras justicias, ¿no nos son de ninguna utilidad?
GRAN-COR - Sí lo son: pues aunque esenciales a su naturaleza y obra é incomunicables a otro, en virtud de ellas la justicia que nos justifica es eficaz para ello. La justicia que es propia de su deidad, da virtud a su obediencia; la de su humanidad hace que su obediencia sea capaz para justificar; y la que es propia de la unión de estas dos naturalezas para el desempeño de su oficio, autoriza a aquella para la obra para la cual fue ordenada.
Aquí, pues, tenemos una justicia, de la cual Cristo, como Dios, no tiene necesidad por cuanto es Dios sin ella: de que Cristo, como hombre, no tiene necesidad por cuanto es hombre perfecto sin ella: y de que Cristo, como Dios-Hombre, no tiene necesidad por cuanto lo es perfectamente sin ella: por consiguiente, puede desprenderse de ella, y puesto que la regala, se llama «el don de justicia». Esta justicia, ya que Cristo se ha sujetado a la ley, debe regalarse, porque la ley obliga no sólo a hacer lo justo, sino también a practicar la caridad. Según la ley, debe, si posee los vestidos, dar uno de ellos a aquel que no tiene ninguno. Ahora bien; nuestro Señor, en efecto, tiene dos vestidos, uno para Él y otro de sobra; por lo tanto, gratuitamente proporciona uno de ellos a los que no tienen: así es que recibís el perdón por hecho, ó, en otras palabras, por la obra de otro. Vuestro Señor Jesucristo es quien ha obrado, y concede el resultado de su obra al pobre mendigo que lo suplica de Él.
Además, a fin de que se reciba el perdón por obra, algo debe pagarse a Dios como precio de él, a la par que debe Prepararse algo con que cubrirnos. El pecado nos ha sujetado a la justa condenación de una justa ley; y de esta maldición podemos ser librados por medio de la redención, habiendo sido pagado un precio por el mal que hemos cometido, cuyo precio es la sangre de vuestro Señor, quien se puso en vuestro lugar y padeció la muerte que habíais merecido por vuestros pecados. Así os redimió de vuestras transgresiones con su sangre, y cubrió de justicia vuestras almas manchadas y deformes; por amor de lo cual Dios se digna pasar por alto vuestras iniquidades, y no os condenará cuando venga a juzgar al mundo.
CRIST - ¡Cuan hermoso es esto! Ahora veo que había algo que aprender de ser perdonados por palabra y hecho. Querida Misericordia, procuremos tenerlo siempre presente; y vosotros, hijos míos, acordaos de estas verdades. De seguro que sería esto lo que hizo soltar la carga de mi buen Cristiano y le hizo dar tres saltos de alegría.
GRAN-COR - Sí, el creer esto fue lo que desató aquellas ligaduras que no podían romperse de otra manera; y fue para darle una prueba de la virtud de semejante creencia por lo que se le permitió llevar su carga hasta la cruz.
CRIST - Ya me lo figuraba; pues aunque antes tenía el corazón alegre y gozoso, ahora siento que mi alegría se ha aumentado de un modo increíble. Lo poco que hasta ahora he sentido basta para convencerme de que, al encontrarse aquí el hombre más cargado y abrumado del mundo, viendo lo que veo y creyendo lo que creo, su corazón saltaría de alegría.
GRAN-COR - La vista y consideración de estas cosas no sólo nos trae consuelo y alivio, sino que engendra en nosotros un amor más profundo; porque ¿quién, reparando en que alcanzamos el perdón de la manera que he descrito, puede menos de conmoverse y sentir un amor vivo y arrebatador a aquel que se lo ha proporcionado?
CRIST - Es verdad; mi corazón está traspasado de dolor al pensar que Él derramase su sangre por mí. ¡Oh Salvador amante! ¡Oh Cristo bendito! Tú mereces poseerme, pues me has comprado; mereces poseerme enteramente, porque has pagado diez mil veces más de lo que valgo. No hay que extrañarse de que esto hiciese a mi marido fundirse en lágrimas y seguir tan ligero su camino; segura estoy de cómo deseaba tenerme a su lado; pero, vil pecadora como era, le dejé venir solo. ¡Oh Misericordia, ojalá, que tus padres estuviesen aquí! Sí, y la señora Temerosa también, y aun la señora Sensualidad; sin duda alguna, sus corazones serían conmovidos, y ni los temores de aquélla ni las concupiscencias de ésta podrían persuadirlas a volver otra vez las espaldas a este camino.
GRAN-COR - Ahora hablas a impulsos de tus afectos. ¿Estarás siempre tan fervorosa como ahora? ¿Sabes que no todos los que vieron padecer a Jesús sintieron estas impresiones? Algunos de los que presenciaron su muerte y vieron correr su sangre, lejos de conmoverse, se burlaron de Él, y en lugar de hacerse discípulos suyos, endurecieron sus corazones contra Él. Estas emociones que sentís, hijos, resultan de una gracia especial que se os ha concedido. Acordaos de que se os dijo que la gallina, al llamar de su manera usual, no ofrece comida a sus hijuelos.
Durante esta conversación, los peregrinos habían avanzado en el camino, y pronto los vi llegar al sitio donde Cristiano había encontrado, entregados a un profundo sueño, a Simple, Pereza y Presunción; pero que ahora estaban colgados en hierros a unos cuantos pasos de la senda.
-¿Quienes son aquellos tres hombres? -preguntó Misericordia al guía; -¿por qué están allí colgados de la horca?
GRAN-COR - Aquellos eran hombres de muy mal carácter. No querían ser peregrinos y estorbaban a cuantos podían; amaban la pereza y la locura, y procuraban inficionar con los mismos vicios a los demás, enseñándoles a presumir que al fin y al cabo alcanzarían la felicidad lo mismo que los diligentes. Cuando Cristiano pasó por ahí, dormían; ahora veis que están ahorcados, para escarmiento de los demás.
MISER - ¿Acaso lograron convertir a algunos a sus opiniones?
GRAN-COR - En efecto, hicieron descaminar a varias personas, entre las cuales había un tal Paso-lento, junto con un Corto-de-respiración, un Poco-ánimo, un Antojo-de-lujuria, un Cerebro-soñoliento y una joven llamada Lerda. A estos consiguieron desviarlos y hacerlos como ellos mismos. Además hablaron mal de vuestro Señor, diciendo que era cruel y exigente; desacreditaron la buena tierra, haciendo creer que no era ni con mucho tan buena como se daba a entender; y no contentos con esto, se dieron la tarea de vilipendiar a los siervos del Señor, y de calificar a los mejores de ellos de entrometidos é intrigantes; al pan de Dios lo llamaban paja; a los goces de los suyos, ilusiones y quimeras; y al afán y a las fatigas de los peregrinos, cosas inútiles.
CRIST - Siendo tan malos dichos sujetos, yo por mi parte no lamentaré su suerte. No han recibido sino lo que merecían, y me parece muy conveniente el que estén ahí ahorcados tan cerca del camino, donde todos pueden verlos y escarmentar. Pero ¿no habría sido oportuno que se grabara en una plancha de metal el relato de sus crímenes, y se colocara aquí mismo donde hicieron el daño, a fin de que sirviese de amonestación a otros malvados?
GRAN-COR - Efectivamente, así se ha hecho, como verás al acércate un poco más al muro.
MISER - No, no; que queden colgados, que perezcan sus nombres, y que sus crímenes sean para siempre un testimonio contra ellos. Lo considero como un favor especial el que hayan sido ahorcados antes de que llegásemos acá. ¿Quién sabe lo que hubieran podido hacer a pobres mujeres como nosotras? Luego prosiguió diciendo: -Quedaos allí por señal y temor del mismo fin a todo aquel que no sea amigo de los peregrinos. Guárdate, alma mía, de cuantos se oponen a la santidad.
Poco después llegaron al pie del collado Dificultad, y su buen amigo Gran-Corazón aprovechó la ocasión para enterarles de lo que allí sucedió cuando Cristiano pasó por el mismo sitio. Los condujo primero a la fuente - He aquí. dijo, -la fuente en la que Cristiano bebió antes de subir la cuesta; el agua entonces era buena y cristalina, pero ahora está cenagosa y enturbiada por los pies de ciertas personas que no quieren que los peregrinos templen aquí su sed. Pero todavía servirá el agua si se la pone en un cántaro limpio; entonces el cieno cae al fondo, y el agua sale transparente - Esto, pues, es lo que Cristiana y sus compañeros se vieron obligados a hacer. La sacaron en una cazuela, y cuando el lodo se hubo depositado al fondo, se refrigeraron con el agua pura.
Después de esto les enseñó el guía dos atajos al pie del collado, donde Formalista e Hipocresía se perdieron - Estas sendas –dijo- son peligrosas. Dos hombres perdieron la vida en ellas, cuando Cristiano pasó por ahí, y sin embargo de que desde entonces se ha obstruido el paso con postes, cadenas y un barranco, todavía hay algunos que más bien prefieren aventurarse por ellas que tomarse la molestia de subir esta colina.
CRIST - «El camino de los prevaricadores es duro». Lo maravilloso es cómo aciertan a entrar en tales sendas sin romperse la cerviz.
GRAN. COR - No obstante, se aventuran; y si acaso algunos de los siervos del Rey los ve, y los llama para advertirles que están en malos y peligrosos caminos, les contestan son chocarrerías y afirman: «La palabra que nos has hablado en nombre del Señor, no oímos de ti; antes pondrélos ciertamente por obra toda palabra que ha salido de vuestra boca». Si miráis atentamente, veréis que se han tomado bastantes precauciones para evitar el tránsito por tales atajos; además de aquellos postes, el barranco y la cadena, se ha cerrado el paso con un seto; sin embargo, se empeñan en pasar.
CRIST. Son holgazanes; no quieren molestarse, y el caminar cuesta arriba les es fastidioso. Así se cumple lo que ha escrito acerca de ellos: «El camino del perezoso es como seto de espinos». Aun prefieren andar sobre una trampa a subir este cerro y seguir lo que resta del camino y que conduce al cielo.

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