La Peregrina

Porque por gracia sois salvos

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CAPÍTULO VI
Los peregrinos reciben otras enseñanzas en casa de Intérprete, donde también se les dispensa hospitalidad
El baño de la Santificación.
Cuando volvieron a casa, como la cena no estaba todavía servida, Cristiana rogó de nuevo al Sr. Intérprete les enseñase o dijese otras cosas provechosas.
El buen señor, sin dilación, dio principio a una serie de dichos o refranes sentenciosos.

-Cuanto más gorda es la puerca, más deseos tiene de revolcarse en el cieno; cuanto más engordado el buey, más alegremente va al matadero; y cuanto más sano el hombre robusto, más propenso es al mal.
Las mujeres anhelan andar bien compuestas y garbosas; lo hermoso es estar adornado con lo que es de gran precio a los ojos de Dios.
Es más fácil velar una noche o dos, que un año entero; así también es más fácil empezar a andar bien, que perseverar hasta el fin.
Cualquier capitán, viendo su barco en peligro de la tempestad, echará primero al mar lo que es de menos valor. Nadie sino el que no tema a Dios se desharía primero de lo más precioso é importante.
Una sola vía de agua bastará para echar a pique al navío, y un pecado causará la ruina del pecador.
Quien se olvida de su amigo, usa de ingratitud hacia él; pero quien olvida a su Salvador, es despiadado consigo mismo.
El que vive en pecado y espera alcanzar la bienaventuranza de la otra vida, es semejante a aquel que siembra cizaña y espera llenar sus graneros de trigo o cebada.
El hombre que quiera vivir bien, viva cada día como si fuese su último.
El cuchicheo y el cambio de pensamientos son pruebas evidentes de que el pecado existe en el mundo.
Siendo así que el mundo, al cual Dios tiene en poco, es tan apreciado de los hombres, ¿qué será el cielo que Dios encomienda?
Cuando nos aficionamos tanto a esta vida, tan pródiga en penalidades, ¿qué será con la vida eterna?
Todos están para alabar la bondad de los hombres; pero ¿quién aprecia debidamente la bondad de Dios?
Rara vez nos levantamos de comer sin dejar viandas sobre la mesa; así también hay en Cristo más mérito y más justicia de lo que necesita el mundo entero.
Acabados estos proverbios, Intérprete los condujo otra vez al huerto, y les enseñó un árbol cuyo interior se había podrido y estaba hueco; y, no obstante, crecía y producía hojas.
-¿Qué significa esto? -preguntó Misericordia.
-A este árbol -contestó,-cuyo exterior es hermoso mientras que el interior está podrido, pueden compararse a muchos de los que están en el huerto de Dios: con la boca le alaban y engrandecen, pero no quieren hacer nada por Él; son de hermosa apariencia, pero sus corazones no sirven sino para ser alimento para el brasero de Satanás.
Anuncióse ya la cena, y habiendo dado gracias se sentaron todos a comer. Intérprete, como era su costumbre, entretuvo a sus huéspedes con música durante la comida. Además de los instrumentistas, había uno que con voz timbrada cantó:

Sólo el Señor me sostiene;
Él me sustenta y me cuida;
Mientras Él así me guarde,
Nada mi alma necesita.

Cuando cesaron la música y el canto, Intérprete preguntó a Cristiana qué era lo que la había impulsado a la vida de peregrinación.
CRIST - En primer lugar, me afligía a causa de la pérdida de mi marido: esto no era sino el resultado de afectos naturales. Luego acudieron en tropel a mi memoria las aflicciones y la peregrinación de mi esposo, junto con mi ruin y miserable conducta hacia él. En seguida apoderóse de mí tal convicción de mi pecado, que por poco causa mi muerte; pero, afortunadamente, soñé ver la bienaventuranza de mi esposo, al paso que recibí una carta de invitación de su Rey. La carta y el sueño juntos produjeron tan honda impresión en mi ánimo, que me obligaron a dar este paso.
ÍNTER. . Pero ¿no encontraste ninguna oposición antes de salir?
CRIST - Sí, señor; una vecina mía, una tal Temerosa, llamóme loca, y calificó de desesperada la empresa que tenía proyectada. Hizo todo lo posible por desanimarme, recordándome las penas y fatigas que sufrió mi marido; pero sus argumentos no me convencieron. Lo que sí me turbó, fue un sueño que tuve, de dos mal encarados que parecían armarme trampas para hacer malograr mi empresa; todavía esto me tiene embargado el espíritu, y me hace desconfiar de cuanto transeúnte encuentro, y no son infundados mis temores, pues os diré en confianza que de la puerta acá ambas fuimos tan ferozmente acometidas por dos bribones, muy parecidos a los de mi sueño, que nos vimos obligadas a dar voces pidiendo socorro.
ÍNTER - El principio ha sido bueno: tu postrimería será bendita en gran manera. Y a ti -dijo dirigiéndose a Misericordia,-¿qué es lo que te indujo a venir acá, amada mía? No tengas miedo -añadió, al verla sonrojada y temblorosa; -puedes hablar con franqueza.
MISER - Mi poca experiencia me impone silencio, y al propio tiempo me infunde temor de no poder alcanzar la gloria. No puedo hablar de visiones y sueños como mi amiga; ni tampoco sé lo que es lamentar el haber rehusado el consejo de buenos parientes.
ÍNTER - ¿Qué, pues, te llevó a tal determinación?
MISER - Cuando ésta se arreglaba para salir del pueblo, yo y otra vecina fuimos a hacerle una visita; le preguntamos qué hacía, y nos manifestó que la habían llamado a seguir a su marido, y que lo había visto en un sueño en un bellísimo lugar, rodeado de seres inmortales, sus sienes ceñidas de una corona, un arpa en sus manos cantando alabanzas a su Dios, y que comía y bebía en presencia de su Rey. Al escuchar tales palabras, mi corazón ardía en mí, y dije en mi interior: Si esto es verdad, dejaré padre, madre y ciudad nativa, y, si se me permite, acompañaré a Cristiana; pues veía que era sumamente peligroso permanecer en nuestra ciudad. Sin embargo, salí con el corazón oprimido, no porque no tuviese deseos de partir, sino porque tantos parientes míos se quedaban allí. Y ahora, heme aquí, anhelando dirigirme con Cristiana al país celestial.
ÍNTER - Has principiado bien, por cuanto has dado crédito a la verdad. Eres como Ruth, quien por el amor que tenía a Noemí y al Señor su Dios, dejó a su padre, a su madre y a su propio país, para ir a morar en medio de una gente que no conocía. «El Señor galardone tu obra, y recibas una cumplida remuneración del Señor Dios de Israel, pues has venido a cobijarte debajo de sus alas».
Acabada la cena, hiciéronse los preparativos para el descanso de la noche. A las mujeres se les proporcionaron habitaciones, y los niños ocuparon juntos otro cuarto que les fue destinado. Misericordia, sin embargo, se hallaba tan gozosa, que no pudo conciliar el sueño; sus dudas y temores se habían desvanecido, y permaneció toda la noche bendiciendo y alabando a Dios que le había otorgado tan señalados favores.
Levantáronse al amanecer, y se disponían para la marcha; pero Intérprete quiso que esperasen un breve rato, porque les dijo: -Debéis salir de aquí bien aliñados -Por orden suya la doncella Inocente, que les había abierto la puerta el día anterior, los condujo a la casa de baños situada en el jardín, a fin de que se quitaran el polvo del camino. Allí, pues, se lavaron todos, saliendo luego no sólo limpios y refrescados, sino también vivificados y fortalecidos en todas las junturas del cuerpo; de modo que volvieron a la casa con mucha más bella apariencia que cuando salieron.
-«Hermosos como la luna» -exclamó Intérprete al verlos regresar. Entonces pidió el sello con que solían sellarse los que eran purificados, é imprimióles una señal por la cual podrían ser conocidos en todas partes. El sello era el recuerdo de la Pascua que comieron los hijos de Israel al salir de Egipto. Y la marca les fue puesta entre los ojos, la cual realzaba mucho su hermosura y la gravedad de sus rostros, haciéndolos parecidos a los de los ángeles.
En seguida, dijo Intérprete a la doncella que les asistía que trajese del vestuario vestiduras a propósito para todos. Así, pues, fue y les trajo vestidos blancos, de lino fino, limpio y brillante. Una vez ataviadas las mujeres, parecía que cada una infundía miedo a la otra, porque no podía ver en sí misma la gloria que resplandecía en la otra. Por lo tanto, empezaban a considerarse cada una inferior a otra.
-Tú eres más hermosa que yo -decía la una; -Tú eres más bella que yo –respondía la otra. Los niños igualmente quedaron sorprendidos al ver la transformación que se había efectuado.
Llegado ya el momento de la despedida, Intérprete llamó a uno de sus criados, un tal Gran-Corazón, ordenándole que debidamente armado condujese a las peregrinas al Palacio Hermoso, en donde habían de parar. Este cogió, pues, sus armas para ir delante de ellos, y todos se pusieron en marcha, siendo despedidos con muchas expresiones de amistad y deseos de un próspero viaje. Al verse de nuevo encamino, prorrumpieron en acentos de júbilo cantando:

Este lugar, nuestra segunda etapa,
Nos ha mostrado cosas de provecho,
Que en edades pasadas para muchos Ocultas estuvieron.
Aquel escarbador, la grande araña,
Las gallinas y sus pollos son ejemplos
De lecciones que dejan en mi mente
Indelebles recuerdos.
Carnicero, jardín, campo sembrado,
Pitirrojo que come sucio insecto,
Y árbol de hueco tronco con sus hojas,
Son faenes argumentos,
Que me mueven a orar, velando siempre,
Á luchar con propósito sincero,
Y a soportar mi cruz día tras día,
Á mi Señor sirviendo.

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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