La Peregrina

Porque por gracia sois salvos

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CAPÍTULO V
Los peregrinos en casa de Intérprete.
Las enseñanzas alegóricas que allí recibieron: la mente carnal; altas bendiciones inmerecidas, obtenidas por la fe; las voces de Dios; la mansedumbre; diversidad de dones y gracias; necesidad de llevar fruto; tendencias mundanas de los hipócritas.

Así hablando, aproximáronse nuestros caminantes a una casa que había sido construida en beneficio de los peregrinos. Era la de Intérprete, donde Cristiano tuvo tan afable recibimiento. Al llegar a la puerta, oyeron un gran susurro de voces, y aguzando el oído creyeron distinguir entre otras cosas el nombre de Cristiana. Hay que advertir que les había precedido el rumor de que ella y sus hijos iban en peregrinación, y esto causaba tanto más placer, cuanto que se decía que la esposa de Cristiano, que hacía poco tiempo no quería siquiera oír hablar de tal cosa, era la que estaba en vísperas de llegar. Detuviéronse inmóviles, y oyeron cómo los de lo casa alababan su conducta, no sospechando que el objeto de sus elogios estuviera a la puerta. Al fin Cristiana cobró ánimo suficiente para llamar, como antes lo había hecho a la portezuela, y viniendo a abrir una doncella llamada Inocente, encontróse con las dos mujeres.
-¿Con quién desáis hablar? -preguntóles.
CRIST - Nos han dicho que éste es un lugar privilegiado para peregrinos, y nosotros lo somos; por lo tanto os rogamos que se nos proporcione hospedaje, porque el día toca a su fin, y no quisiéramos ir más lejos esta noche.
INOCENTE - ¿A quién anunciaré?
CRIST - Me llamo Cristiana: fui la esposa de aquel peregrino que hace algunos años viajó por aquí, y éstos son sus cuatro hijos. Esta joven es compañera mía, y va también en peregrinación.
Al oír esto Inocente, entró corriendo, y dijo:
-¿Quién pensáis está a la puerta? Pues allí están Cristiana con sus hijos y una compañera suya, pidiendo alojamiento - Llenos de gozo, fueron a comunicar la nueva al dueño de la casa, quien, dirigiéndose a la puerta, preguntó si era cierto fuese la esposa de Cristiano quien llamaba.
CRIST - Sí, señor; aquella mujer tan empedernida é indiferente a las penas de su marido, y que le dejó que siguiese su viaje solo, soy yo, y éstos son sus cuatro hijos; mas ahora vengo, porque estoy convencida de que este camino es el único que conduce al bien.
ÍNTER - Así se ha cumplido aquello que está escrito del hombre que dijo a su hijo: «Ve hoy a trabajar en mi viña; y respondiendo él, dijo: No quiero; mas después, arrepentido, fue.»
CRIST - ¡Así sea, amén! Quiera Dios que esto se verifique en mí, y que al fin sea hallada de Él en paz intachable é irreprensible.
ÍNTER - Pero ¿por qué te quedas a la puerta? Entra, hija de Abraham. Hace poco rato estábamos hablando de ti, porque habíamos recibido noticias de tu salida: entrad todos m-dijo; y los introdujo en la casa.
Después de un corto período de descanso, la familia y criados de Intérprete se presentaron a los huéspedes. La satisfacción que sintieron al ver que Cristiana había emprendido tal carrera, se dibujaba patentemente en sus semblantes: acariciaron a los niños, trataron con esmerado cariño a Misericordia, y a todos y a cada uno les dieron la bienvenida a la casa de su Señor.
Luego, mientras se les aderazaba la cena, les enseñó Intérprete los aparatos alegóricos que Cristiano había visto con tanto provecho. Allí, pues, vieron al hombre enjaulado, al soñador, al valiente que se abrió paso al través de sus enemigos, el cuadro del guía fiel, junto con otras muchas cosas instructivas.
Cuando los peregrinos hubieron meditado debidamente en el significado de estas cosas, Intérprete los condujo a una habitación, en la que había un hombre que no podía mirar sino hacia abajo, teniendo en la mano un rastrillo; al paso que encima de él se veía uno que, llevando en su mano una corona celestial, se la ofrecía en cambio de su rastrillo; pero el hombre, sin alzar los ojos ni poner atención en ello, seguía escarbando entre la paja, las astillas y el polvo del suelo.
CRIST - Se me figura que comprendo algo del significado de esto. Es la figura de un hombre mundano, ¿no es verdad?
INTER - Has acertado bien, y su rastrillo pone de manifiesto su mente carnal. Este que veis, prefiere más ocuparse en recoger pajas y basura que escuchar a Aquel que lo llama desde arriba, ofreciéndole la corona celestial, y sirve para mostrar que el cielo para algunos no es sino una fábula, y que las cosas materiales se consideran como las únicas sustanciales. El hecho de que el hombre no puede mirar sino hacia abajo, es para enseñaros que las cosas terrenas, cuando se apoderan del espíritu del hombre, alejan su corazón de Dios.
CRIST - ¡Líbreseme de este rastrillo!
INTER - Esa petición ha quedado arrinconada hasta ser casi olvidada. Apenas uno entre diez mil profiere la súplica: «No me des riquezas». Pajas, astillas, polvo son las cosas de gran actualidad para la mayoría de los hombres.
CRIST. Y ¡"Mis -(Llorando.)  -¡Ay! Sí, es demasiada verdad.
Después de esto, Intérprete les enseñó la mejor habitación que había en la casa; una estancia hermosísima. Les dijo que mirasen en torno suyo, para ver si podrían descubrir algo que les sirviera de provecho. En seguida miraron por todas partes; pero sólo había una enorme araña en la pared, y de ésta no hicieron caso.
-No veo nada -exclamó Misericordia; pero Cristiana callaba.
Instigada a mirar de nuevo Misericordia, dijo:
-Aquí no hay nada sino una araña muy fea, asida a la pared.
-¿No hay sino una sola araña en todo este cuarto espacioso? -preguntóles.
Entonces las lágrimas inundaron los ojos de Cristiana; era una mujer de claro ingenio.
-Sí, señor -dijo;-aquí hay más de una, y arañas cuyo veneno es mucho más funesto que el de aquélla.
-Tienes razón -contestó Intérprete mirándola con agrado. Al oír esto, a Misericordia le afluyó la sangre al rostro; los muchachos también se cubrieron la cara, pues ya empezaban a comprender el enigma.
ÍNTER - La araña ase con las manos (como ya veis), y está en los palacios de los reyes. ¿Por qué se ha escrito esto sino para mostraros que, por llenos que estéis del veneno del pecado, podéis, con la mano de la fe, asiros de la mejor habitación que pertenece al palacio del Rey celestial y morar en ella?
CRIST - Se me había ocurrido algo de esto, pero no podía profundizarlo todo.
Pensaba que éramos como arañas y que parecíamos feas, por lujosa y soberbia que fuese la habitación en que nos encontráramos; pero no me había venido al pensamiento que en este venenoso y ruin insecto habíamos de aprender la manera de obrar por fe; y en efecto, vemos que la araña, asida con sus patas a la pared, vive en la mejor habitación de la casa. Dios no ha hecho nada en vano. Nuestros peregrinos recibieron con alegría estas enseñanzas; pero sus ojos se humedecían. Cruzáronse entre ellos miradas significativas, y se inclinaron ante el señor Intérprete. Este los condujo luego a otro cuarto, donde había una gallina con sus polluelos. Observándolos un rato, vieron a uno de los pollitos dirigirse a la pila para beber, y cada vez que bebía alzaba los ojos hacia arriba.
-Mirad –dijo -lo que hace este polluelo, y aprended de él a reconocer de dónde proceden las bendiciones. Continuad mirándolos y veréis algo más.
En efecto, repararon en que la gallina llamaba de cuatro diferentes maneras a sus pequeñuelos. Tenía: primero, una voz natural que empleaba todo el día; segundo, un llamamiento especial que se oía de vez en cuando; tercero, un cloqueo; y cuarto, un grito de alarma.
-Aquí -dijo Intérprete -tenéis una imagen de vuestro Rey y sus fieles, pues él también obra de diferente manera para con los suyos. Su voz ordinaria se oye continuamente; cuando ofrece alguna dádiva hace oír un llamamiento especial; habla con acentos tiernos a los que están cobijados debajo de sus alas, lo mismo que la gallina hace con sus polluelos; cuyos acentos se convierten en un clamoreo para advertir a los suyos cuándo se acerca el enemigo. Os he enseñado estas cosas, porque son fáciles de comprender a las mujeres y niños como vosotros.
Cristiana manifestó deseos de ver más, por lo cual Intérprete los condujo al matadero, donde vio a un carnicero que mataba una oveja, la cual, muy mansa y tranquila, recibía la muerte sin oposición.
-Debéis aprender de la conducta de esta oveja -les dijo, a padecer y soportar injurias y males sin murmuraciones ni quejas. ¡He aquí cuan tranquilamente se deja matar! No se opone a cuanto la hacen sufrir; y vuestro Rey os llama ovejas suyas.
Acto seguido los condujo a su huerto, donde había una gran variedad de flores.
-Ya veis -dijo, -que entre estas flores existe mucha diversidad de altura, color, aroma y virtud; y algunas son mejores que otras: además, permanecen donde el jardinero las ha colocado, y no riñen.
De allí los llevó a su campo, en el que había sembrado trigo y otros cereales; pero, mirando de cerca, vieron que las espigas todas habían sido cortadas, y no quedaba sino la paja.
-Este campo -les explicó -ha sido abonado, arado, y sembrado; pero, ¿qué haremos de la cosecha? Queman una parte y de lo demás hacen abono -respondió Cristiana -¡Ah! -añadió aquél, -veis que lo que se espera es fruto, y por falta de él se lo condena todo a ser quemado ú hollado de los hombres. Tened cuidado que, diciendo esto, no falléis vuestra propia condenación.
Al regresar de su breve excursión campestre, Intérprete dirigió su atención hacia un pitirrojo que tenía una enorme araña en la boca. Todos fijaron en él la atención, y mientras Misericordia se admiraba, Cristiana exclamó: -¡Cuánto se envilece este pájaro tan hermoso! Es uno que en plumaje y apariencia es superior a muchos de su clase, y además parece que le gusta mantener relaciones con el hombre; yo creía que se alimentaba de migajas y otras cosas inocentes; francamente, se ha rebajado en mi estimación.

ÍNTER - Ved ahí en ese pitirrojo un emblema de ciertas personas que hacen profesión de piedad. En apariencia son como este pajarito, que canta bien, tiene colores hermosos, y es de aspecto gracioso. Estas personas fingen un gran amor hacia los sinceros siervos del Señor, y, sobre todo, profesan deseos de asociarse con ellos y estar siempre en su compañía, como si pudiesen alimentarse con el manjar de los piadosos. Alegan también que por eso frecuentan las casas de los buenos y asisten a los cultos del santuario; pero, una vez solos, pueden como este pájaro, coger y engullir arañas, pueden cambiar de alimento y «beber la iniquidad como agua».

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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