La Peregrina

Porque por gracia sois salvos

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Viaje de Cristiana y sus hijos a la Ciudad Celestial bajo el símil de un sueño

SEGUNDA PARTE DE «EL PEREGRINO»
PROLOGO DE LA SEGUNDA PARTE DE «EL PEREGRINO»

Ve, Libro mío, dondequiera que haya
Mi primer Peregrino penetrado;
Llama a todas las puertas; si preguntan
¿Quién es? Di que es Cristiana, sin reparo.
Entra, si lo permiten, con tus hijos,
Y diles quiénes son, de do han llegado.
Quizás ya por sus nombres o sus rostros
Los hayan conocido; más si acaso
No saben quiénes son, pregunta entonces
Si pasó por sus casas un Cristiano.
Si te dicen que sí, que complacidos
Le vieron a la gloria caminando,
Sepan ahora que su esposa é hijos
Buscan el cielo por los mismos pasos.
Diles que, por hacerse peregrinos,
Ciudad y hogar con decisión dejaron;
Que han tenido amarguras, privaciones;
Que sufrieron sus pruebas y trabajos;
Que han sostenido luchas con demonios
Y vencieron difíciles obstáculos.
Diles de aquellos otros, que el camino
Valerosos y fieles terminaron,
Porque buscaban, con desprecio al mundo,
La voluntad de Dios llevar a cabo.
Diles también las cosas agradables
Con que son sus disgustos compensados,
Y sepan que los tiene el Rey del cielo
Bajo su amor y paternal amparo.
Cuan hermosas mansiones les prepara,
Mientras con vientos y olas van luchando;
Cuan dulce calma gozarán por siempre,
Si fueron fieles hasta el fin del tránsito.
Quizás, oh Libro mío, te reciban,
Como al primero, con cordial abrazo,
Y gozosos te den la bienvenida,
Su amor a los viadores demostrando.

 OBJECIÓN I
¿Y si no me creyeran que soy tuyo?
¿Y si piensan tal vez que los engaño?
Es posible que un libro se presente
Cual Peregrino, su apariencia usando,
Y por el nombre y el disfraz consiga
Penetrar en las casas de unos cuantos.

RESPUESTA
Falsificar mi Peregrino, es cierto;
Hace ya mucho, pretendieron varios,
Con mi nombre y mi título en sus libros;
Mas éstos, por su estilo y por sus rasgos,
Pronto dan a entender que no son míos,
Sino de autores que usan nombres falsos.
Si hallas quien tal objete, tu recurso
Es decir lo que dices, pues es claro
Que ahora nadie emplea tu lenguaje,
Ni fácilmente logrará imitarlo.
Si, con todo, persisten en la duda,
Creyendo que marcháis como gitanos,
Para engañar y corromper a muchos,
Por dondequiera que vayáis pasando
Llamadme sin tardar, yo testifico
Que sois mis Peregrinos sin engaño.

OBJECIÓN II
¿Y si quizás pregunto a los que quieren
Ver a mi Peregrino condenado,
Ó al oír mi pregunta se enfurece
Los de la casa en cuya puerta llamo?

RESPUESTA
No temas, Libro mío, esos fantasmas:
Nada son, no te den temores vanos.
Tierra y mares cruzó mi Peregrino,
Y no supe que fuese rechazado
En reino alguno, fuera pobre o rico,
Ni en desprecio las puertas le cerraron.
En Francia y Flandes, donde están en guerra,
Entró como un amigo y un hermano.
En Holanda también, según me dicen,
Por muchos, más que el oro es apreciado.
Serranos é irlandeses convinieron
En recibirlo con cordial aplauso.
En América está tan acogido
Y le miran allí con tal agrado,
Que lo empastan, lo pintan y embellecen.
Por aumentar su conocido encanto.
En fin, que por doquiera se presente,
Miles hablan y cantan alabándolo.
Si es en su patria, no sufrió mí Libro
Vergüenza ni temor en ningún lado.
¡Bienvenido!, le dicen, y lo leen
En la ciudad lo mismo que en el campo.
No pueden reprimir una sonrisa
Los que lo ven vender o ser llevado.
Los jóvenes lo abrazan y lo estiman
Más que otras obras de mayor tamaño,
Y dicen de él con júbilo: Más vale
La pata de mi alondra que un milano.
Las señoritas y las damas, todas
Le muestran por igual su beneplácito,
Y ocupa siempre preferente sitio
En bolsos, corazones y en armarios;
Porque a sus almas lleva sus enigmas
Con tal provecho en saludables párrafos,
Que compensa la pena de leerlo,
Y más que el oro saben apreciarlo.
Hasta los chicos que andan por la calle,
Al encontrar mi Peregrino al paso,
Le saludan y alegres le despiden,
Diciendo que es el mozo más simpático.
También le admiran los que no le vieron,
Porque han sabido de sus hechos algo,
Y lo quieren tener, porque les haga
De curiosos sucesos el relato.
Los que no lo estimaban al principio,
Teniéndole por simple o insensato,
Por conocerle ya, lo recomiendan,
Y a los suyos lo envían de regalo.
Así, no temas, mi Segunda Parte;
Alza tu frente, nadie te hará daño;
Los que tienen amor a la Primera
Te acogerán con gozo y entusiasmo,
Por las cosas que das, útiles, buenas,
A pobres, ricos, jóvenes y ancianos.

OBJECIÓN III
Mas algunos dirán: Ríe tan fuerte,
Envuelve su cabeza en tal nublado,
Y son sus narraciones tan oscuras,
Que no sabemos cómo interpretarlo.

RESPUESTA
Puedo pensar que risas y clamores
Se advierten en sus ojos al mirarlos.
Cosas que, al parecer, mueven la risa,
Un agudo dolor van ocultando.
Jacob, viendo a Raquel con sus ovejas,
Besóla, y a la vez vertía llanto.
Dicen que hay una nube en su cabeza:
La ciencia así se cubre con su manto,
Y estimula la mente a que descubra
Lo que se puede hallar, investigándolo.
Lo que parece envuelto en frase oscura
Mueve la inteligencia del cristiano,
Para que estudie y saque el contenido
De lo que encierran nebulosos párrafos
Yo sé también que símiles oscuros
No serán comprendidos sin trabajo,
Pero en el alma quedarán impresos
Más fácilmente que si fueran claros.
Así, pues, Libro mío, ve adelante,
No pierdas ni decaiga tú buen ánimo;
No hallarás enemigos, sino amigos,
Que a los viadores abrirán los brazos.
Lo que mi Peregrino deja oculto,
Tu vas, mi Peregrina, a revelarlo.
Dulce Cristiana, tú abrirás con llave
Lo que dejó en encierro mi Cristiano.

OBJECIÓN IV
Más algunos desprecian, como al polvo,
El método que vienes empleando.
Si me encuentro a los tales, ¿qué les digo?
¿Debo, cual me desprecian, despreciarlos?

RESPUESTA
Cristiana mía, si a los tales hallas,
Has de mostrarles el amor más santo;
No les pagues desprecio por desprecio,
Dales sonrisa de su ceño en cambio.
Tal vez su condición o un mal informe,
A obrar así contigo le impulsaron.
Personas hallarás en todas partes
Que tienen, en verdad, gustos bien raros;
Ni a sus mismos parientes los estiman.
Y menosprecian los mejores platos.
Déjalos, mi Cristiana, a su albedrío;
Otros se alegrarán de haberte hallado.
No contiendas jamás; humildemente
De peregrina mostrarás los hábitos.
Ve, pues, Librito mío; muestra a todos
Los que te tiendan cariñosa mano,
Las buenas cosas, escondidas a otros,
Y ojalá tus verdades puedan tanto
Que hagan de tus lectores peregrinos
Mejores que tú y yo, cual deseamos.
Ve a decir a los hombres quién tú eres.
Diles: Yo soy Cristiana, y ahora trato
De mostrar, con mis hijos, cómo se anda
El camino del cielo sin desmayo.
Ve a decirles también qué son y quiénes
Los que contigo van peregrinando.
Diles: Misericordia es esta amiga
De quien hace ya tiempo me acompaño.
Viendo su rostro distinguir podréis
La diferencia entre viador y vago.
Aprendan, sí, las jóvenes en ella
A estimar las riquezas de lo alto.
Las doncellas que van en pos de Cristo,
Mundanales amores despreciando,
Él las defenderá como a los niños
Que en el Templo con vivas le aclamaron.
Habla después de Integridad el viejo,
Fiel peregrino de cabellos blancos;
Di que su cruz llevaba en pos de Cristo,
Y era un hombre sencillo en alto grado.
Quizás con este ejemplo se estimulen
Á seguir a Jesús otros ancianos.
Di cómo Receloso caminaba,
Los días en que estuvo solitario
Con temores, suspiros y lamentos,
Y al fin ganó la palma de los salvos.
Era buen hombre, aunque abatido siempre,
Y a los cielos llegó perseverando.
Diles de Flaca-Mente cómo andaba,
Nunca delante, siempre rezagado;
Cómo por poco muere, si no llega
Pronto Gran Corazón a rescatarlo.
Era fiel, aunque débil en la gracia,
Más tenía en su faz el sello santo.
De Pronto-á-Cojear cuenta la historia.
Este, con sus muletas, no era malo.
Apenas se encontró con Flaca-Mente,
Se pusieron de acuerdo y se estimaron.
A veces uno canta y otro baila,
Y los dos se completan, aunque flacos-
No olvides las hazañas de Valiente,
Dignas de admiración en un muchacho;
Describe su bravura, su destreza.
Nadie tuvo valor para retarlo.
Él y Gran-Corazón dieron la muerte
A Desesperación, con él luchando,
Y vencido el gigante, en seguida
El Fuerte de la Duda derribaron.
No dejes de nombrar a Desaliento;
Saca a Mucho-Temor en tu relato,
Para mostrar que sin razón temían,
Pues no estaban de Dios abandonados.
Con marcha lenta, pero firme, fueron
Hasta el fin, y el Señor les dio su abrazo.
Al terminar tú historia, Libro mío,
Pulsa las cuerdas cuyos sones gratos
Hacen bailar al cojo, y al gigante
Hacen temblar con pavoroso espanto.
Los enigmas ocultos en tu seno
Proponlos, y que queden explicados,
Y el resto de tus líneas misteriosas
Deja para quien pueda penetrarlo.
Y ojalá que este Libro para muchos
Les sea bendición, aprovechándolo;
Que el comprador después no se lamente
De que fue su dinero malgastado.
Sí, Libro mío, quiero que des fruto,
Cual buen amigo de viadores santos,
Y hagas volver al celestial camino
A los pobres que van extraviados.

JUAN BUNYAN

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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