El Santo Evangelio según
San Juan

Porque por gracia sois salvos

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Jesús sana a un ciego de nacimiento

Juan 9.1-12

1  Al pasar Jesús,  vio a un hombre ciego de nacimiento.

2  Y le preguntaron sus discípulos,  diciendo: Rabí,  ¿quién pecó,  éste o sus padres,  para que haya nacido ciego?

3  Respondió Jesús: No es que pecó éste,  ni sus padres,  sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.

Me es necesario hacer las obras del que me envió,  entre tanto que el día dura;  la noche viene,  cuando nadie puede trabajar.

Entre tanto que estoy en el mundo,  luz soy del mundo. (Mt. 5.14; Jn. 8.12)

6  Dicho esto,  escupió en tierra,  e hizo lodo con la saliva,  y untó con el lodo los ojos del ciego,

7  y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé  (que traducido es,  Enviado).  Fue entonces,  y se lavó,  y regresó viendo.

8  Entonces los vecinos,  y los que antes le habían visto que era ciego,  decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?

9  Unos decían: El es;  y otros: A él se parece.  El decía: Yo soy.

10  Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?

11  Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo,  me untó los ojos,  y me dijo: Ve al Siloé,  y lávate;  y fui,  y me lavé,  y recibí la vista.

12  Entonces le dijeron: ¿Dónde está él?  El dijo: No sé.

Juan 9.5 Mt. 5.14; Jn. 8.12
Mt. 5.14
Vosotros sois la luz del mundo;  una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

Jn. 8.12 Otra vez Jesús les habló,  diciendo: Yo soy la luz del mundo;  el que me sigue,  no andará en tinieblas,  sino que tendrá la luz de la vida.

Comentarios de J. C. Ryle

Juan 9.1-12

En el capítulo que comienza con los versículos arriba trascritos se nos dice cómo dio Jesús la vista á un hombre que era ciego de nacimiento. La narración, que es minuciosa en los detalles, abunda en lecciones espirituales. He aquí algunas de ellas :

1a. Que el pecado ha traído al mundo muchas desgracias. Se nos dice que había un hombre que era ciego de nacimiento. Es difícil concebir una desgracia más grande. De todos los sufrimientos corporales que pueden imponerse al hombre sin quitarle la vida, no hay quizá uno peor que la pérdida de la vista. El ciego está privado de los más grandes goces de la vida, tiene que permanecer encerrado en los estrechos límites de su propia personalidad, y para todos sus movimientos depende de una manera en extremo penosa del auxilio que le presten los demás. Á la verdad, no es sino hasta que un hombre pierde la vista, que se forma una idea adecuada de su valor.

Ahora bien, la ceguera, como cualquiera otro mal, es uno de los frutos del pecado. Si Adán no hubiera caído, no hay duda que no habría habido ciegos, ni sordos, ni mudos. Las numerosas dolencias que son herencia de la carne, los innumerables dolores, enfermedades y desarreglos físicos á que todos estamos sujetos, empezaron cuando descendió la maldición sobre la tierra. Odiemos pues el pecado como fuente que ha sido de todos nuestros afanes y desdichas.

2". Que en el curso de la vida nos incumbe aprovechar, para hacer bien, las oportunidades que tengamos. Jesús dijo á sus discípulos, cuando estos le hicieron una pregunta acerca del ciego: " Á mí me conviene obrar entre tanto que el día es: la noche viene, cuando nadie puede obrar."

Esas palabras son muy ciertas si se aplican á nuestro Señor mismo. El sabía muy bien que su ministerio terrenal duraría solo tres años, y por lo tanto, aprovechó diligentemente el tiempo. No dejó pasar ninguna oportunidad de hacer obras de misericordia y de cumplir los deberes de su misión. De día ó de noche, siempre estaba empeñado en la obra que le encomendó el Padre. En toda su conducta podía percibirse la aplicación de estas palabras: " Me conviene obrar entre tanto que el día es: la noche viene, cuando nadie puede obrar."

Palabras son estas que todos los cristianos debieran recordar. La vida presente es el día. Cuidemos de emplearla bien, para gloria de Dios y provecho de nuestras almas. Trabajemos por nuestra salvación con temor y con temblor mientras dura el día. En el sepulcro, al cual todos nos encaminamos apresuradamente, no hay tareas que cumplir ni trabajo que ejecutar. Oremos, leamos buenos libros, santifiquemos el domingo, oigamos predicar la Palabra de Dios, hagamos bien á nuestros semejantes, manifestemos, en fin, que no nos olvidamos de que la noche se acerca. El tiempo de que podemos disponer es breve; las tinieblas empezarán pronto á invadir nuestro horizonte; jamás podremos recobrar oportunidades una vez perdidas. Evitemos, pues toda demora escrupulosamente, y empleemos toda la fuerza y habilidad de que somos capaces en cumplir los deberes que nos caigan en lote. "La noche viene, cuando nadie puede obrar."

3a. Que para obrar los milagros Jesús empleó diferentes medios en las diferentes ocasiones. Para sanar al ciego El habría podido, si lo hubiese tenido á bien, haberle tocado meramente con el dedo ó haber pronunciado una palabra. Mas no fue de su agrado hacerlo así, sino le untó los ojos con lodo que él mismo había hecho. Por supuesto que ese lodo no poseía inherentemente ninguna virtud sanativa; mas Jesús quiso emplear ese medio.

Ese hecho nos enseña que el Señor de cielos y tierra no se ciñe ó limita al empleo de un solo medio, y que los que han recibido de Jesucristo algunas mercedes no deben juzgar de otra por su propia experiencia. ¿Nos ha restituido Jesucristo la vista y la vida? Rindamos por ello gracias al Eterno, y procuremos ser más humildes. Mas guardémonos de decir que solo han recibido la salud y la vida espirituales aquellos cuya experiencia corresponde exactamente á la nuestra.

4a. Que Jesucristo posee un poder infinito. Lo que Él hizo era de suyo imposible. Sin medicamentos curó una enfermedad incurable, restituyó la vista á uno que había nacido ciego.

Empero, además de demostrarnos que el Señor es todopoderoso en los cielos y en la tierra, un milagro de ese linaje debe llenarnos de esperanza acerca del porvenir de nuestras almas y de las almas de nuestros semejantes. ¿Qué enfermedad espiritual hay que él no pueda curar? El puede abrir los ojos de los más pecadores é ignorantes, y hacerlos ver cosas que jamás habían visto. El envía la luz á las mentes más entenebrecidas, y hace desaparecer los errores y las preocupaciones que las ofuscaban.

Si no nos salvamos la culpa es nuestra. Estemos alerta no sea que puedan aplicársenos aquellas palabras solemnes: " La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas." No queréis venir á mí para que tengáis vida. Juan 3:19; 5:40.

NOTAS.    JUAN 9:1-12.

1. Y pasando Jesús, etc. Algunos comentadores creen que el milagro descrito en este capitulo tuvo lugar inmediatamente después de ocurridos los acontecimientos que en el capítulo anterior se refieren. Otros piensan que debió de trascurrirse un intervalo; y esto, en parte porque parece imposible que nuestro Señor y sus discípulos pudieran evadir las miradas de una multitud enfurecida, y pararse seguidamente con serenidad, á fin de socorrer á un ciego junto al sitio que fue teatro del atentado; y en parte, porque San Juan, en su Evangelio, frecuentemente puso de un acontecimiento á otro sin advertir al lector del cambio de tiempo ó de lugar.

Vio á un hombre ciego desde su nacimiento. El ciego estaba sentado probablemente junto al pórtico, a fin de atraer la atención de los adoradores que entraban y salían. Á consecuencia de estar ciego seguramente dependía para la subsistencia de la caridad pública. Véase Lev. 19:14; Deut. 27:18.

Un autor distinguido observa: "Según lo que los Evangelios refieren nuestro Señor obró más milagros para curar la ceguera que ninguna otra enfermedad. Curó á un sordo, un paralítico, un hidrópico, des leprosos, dos que padecían de fiebre; y resucitó á tres personas: los ciegos que curó fueron cuatro, por lo menos, si no cinco.

2. Rabí, ¿quién peco? etc. Esta curiosa pregunta ha motivado muchas discusiones infructuosas. Repetidas veces se ha preguntado: ¿Por qué dijeron esto los discípulos?

(a) Algunos creen que los judíos estaban imbuidos de la idea tan generalizada en el Oriente de la preexistencia del alma y su trasmigración de un cuerpo á otro, y .que los judíos supusieron que en alguna existencia anterior el ciego debió de haber cometido algún gran pecado, por el cual era entonces castigado.

(b) La opinión más acertada es tal vez la de los que conceptúan que lo que motivó la pregunta fue la errada aplicación de unos textos bíblicos (tales como el segundo mandamiento donde Dios dice que "visita la iniquidad de los padres sobre los hijos," Ex. 20:5), y el olvido de otros, como Eze. 18:20. Pocas ideas son tan comunes entre los hombres como la de que los sufrimientos corporales y toda especie de desgracias son consecuencias directas del pecado, y que un hombre enfermo ó desgraciado ha de ser, por fuerza, muy malo. Esa fue precisamente la opinión mezquina que expresaron los tres amigos de Job cuando vinieron á verlo, y contra la cual arguyó él tan enérgicamente. Véase también Actos 28:4.

3. Respondió Jesús: Ni este pecó, ni sus padres. Esta contestación es elíptica: es preciso completar el sentido tomando en cuenta lo que se trasluce en el contexto. Nuestro Señor no quiso decir que el ciego y sus padres no habían cometido absolutamente pecado alguno, sino que no era algún pecado especial suyo que había causado la pérdida de la vista de aquel.

Sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Estas palabras seguramente significan que Dios permitió que sobreviniese al hombre esa desgracia para después manifestar á los hombres su misericordia, curándolo.

Las palabras que acabamos de citar entrañan un gran principio, pues arrojan algunos rayos de luz sobre esa gran cuestión-el origen del mal. Dios ha tenido á bien el permitir que exista el mal para que de ese modo pueda manifestar su misericordia, su bondad y su compasión. Si el hombre no hubiera caído, la, misericordia divina no habría tenido ocasión de manifestarse. Mas permitiendo el mal, por misterioso que ello parezca, Dios ha manifestado maravillosamente en la salvación de los pecadores su misericordia y su sabiduría.

4. A mí me conviene obrar las obras, etc. El sentido es, según creemos, como sigue: "La curación de ese ciego es una de las obras que Dios me ha encomendado, y debo hacerla durante el 'día,' esto es, el corto período de mi ministerio."

5. Entre tanto que estuviere en el mundo, etc. Esto es: " Vine al mundo para ser su sol y su guía espiritual, y para sacar a los hombres de las tinieblas en que por naturaleza se hallan sumergidos ; y mientras esté yo en el mundo me complaceré en ser la luz del mundo, el Rescatador de las almas de los hombres y el Médico de sus cuerpos.

7. Y le dijo: ve lávate en el estanque de Siloí. El mandato dado así al ciego traería á la memoria de todo judío piadoso la recomendación que Elíseo hizo á Naaman: "Ve, y lávate siete veces en el Jordán." El agua ese estanque no poseía más virtud sanativa que cualquiera otra agua. Pero el mandato tenía por objeto someter á prueba la fe del ciego. Al obedecerla éste halló lo que deseaba.

Lightfoot, escritor ingles, asegura que el estanque de Siloé y el de Betesda recibían tributo de una misma fuente,

8. ¿No es este el que se sentaba y mendígala? Esto prueba que el ciego era de la clase más pobre y humilde.

9. Otros decían: Este es. Los que esto dijeron fueron probablemente los vecinos del ciego, quienes naturalmente lo conocerían mejor.

12. Entonces le dijeron: ¿Dónde está aquel? El deseo de ver á quién había hecho un milagro tan maravilloso era natural, mas fue probablemente con malévolas intenciones que los judíos preguntaron en donde estaba Jesús. Deseaban saber para aprehenderlo y conducirlo ante las autoridades.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Los fariseos interrogan al ciego sanado

Juan 9.13-34

13  Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.

14  Y era día de reposo (aquí equivale a sábado) cuando Jesús había hecho el lodo,  y le había abierto los ojos.

15  Volvieron,  pues,  a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista.  El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos,  y me lavé,  y veo.

16  Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios,  porque no guarda el día de reposo.  Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales?  Y había disensión entre ellos.

17  Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos?  Y él dijo: Que es profeta.

18  Pero los judíos no creían que él había sido ciego,  y que había recibido la vista,  hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista,

19  y les preguntaron,  diciendo: ¿Es éste vuestro hijo,  el que vosotros decís que nació ciego?  ¿Cómo,  pues,  ve ahora?

20  Sus padres respondieron y les dijeron:  Sabemos que éste es nuestro hijo,  y que nació ciego;

21  pero cómo vea ahora,  no lo sabemos;  o quién le haya abierto los ojos,  nosotros tampoco lo sabemos;  edad tiene,  preguntadle a él;  él hablará por sí mismo.

22 Esto dijeron sus padres,  porque tenían miedo de los judíos,  por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías,  fuera expulsado de la sinagoga.

23  Por eso dijeron sus padres: Edad tiene,  preguntadle a él.

24  Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego,  y le dijeron: Da gloria a Dios;  nosotros sabemos que ese hombre es pecador.

25  Entonces él respondió y dijo: Si es pecador,  no lo sé;  una cosa sé,  que habiendo yo sido ciego,  ahora veo.

26  Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo?  ¿Cómo te abrió los ojos?

27  El les respondió: Ya os lo he dicho,  y no habéis querido oír;  ¿por qué lo queréis oír otra vez?  ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?

28  Y le injuriaron,  y dijeron: Tú eres su discípulo;  pero nosotros,  discípulos de Moisés somos.

29  Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés;  pero respecto a ése,  no sabemos de dónde sea.

30  Respondió el hombre,  y les dijo: Pues esto es lo maravilloso,  que vosotros no sepáis de dónde sea,  y a mí me abrió los ojos.

31  Y sabemos que Dios no oye a los pecadores;  pero si alguno es temeroso de Dios,  y hace su voluntad,  a ése oye.

32  Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego.

33  Si éste no viniera de Dios,  nada podría hacer.

34  Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado,  ¿y nos enseñas a nosotros?  Y le expulsaron.

 
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Ceguera espiritual

Juan 9.35-41

35  Oyó Jesús que le habían expulsado;  y hallándole,  le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?

36  Respondió él y dijo: ¿Quién es,  Señor,  para que crea en él?

37  Le dijo Jesús: Pues le has visto,  y el que habla contigo,  él es.

38  Y él dijo: Creo,  Señor;  y le adoró.

39  Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo;  para que los que no ven,  vean,  y los que ven,  sean cegados.

40  Entonces algunos de los fariseos que estaban con él,  al oír esto,  le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos?

41  Jesús les respondió: Si fuerais ciegos,  no tendríais pecado;  mas ahora,  porque decís: Vemos,  vuestro pecado permanece.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Juan 9:13-25.

Estos versículos nos dan á conocer cuan poco era lo que los judíos de la época de nuestro Señor sabían acerca de la debida observancia del sábado. Se nos dice que los fariseos censuraron el que se hubiese curado milagrosamente á un hombre en el día sábado. Evidentemente se había hecho un beneficio á uno de sus semejantes, librándolo de una penosa enfermedad. Pero los contumaces adversarios de Jesús no podían percibir lo noble y elevado de ese acto, y lo consideraron como una infracción del cuarto mandamiento.

Estos pretendidos sabios erraron completamente en cuanto al objeto y la naturaleza del sábado. No comprendieron que éste "fue hecho para el hombre," para el bien de su cuerpo y de su espíritu. Es cierto que era un día que había sido separado de los demás de la semana para que fuese santificado; pero jamás se tuvo en mira que esa santificación impidiese la ejecución de obras de necesidad y de misericordia. El acto de sanar á un hombre no era una violación del sábado. Al censurar á nuestro Señor los judíos dejaron ver la ignorancia de que adolecían relativamente á su propia ley. Se olvidaron de que tan gran pecado es añadirle algo á un mandamiento como sustraerle alguna de sus cláusulas.

En este pasaje, así como en otros de la misma especie, debemos cuidar de no dar una inteligencia errada á la conducta de nuestro Señor.    No vayamos á suponer ni por un solo momento que á los cristianos no es ya obligatoria la observancia del domingo, que es el día que corresponde al sábado de los judíos.    Ninguno de los diez mandamientos ha sido abrogado ó suprimido.   Nuestro Señor no quiso jamás que el domingo se tornase en día de diversiones, ó negocios, ó paseos, ó disipación; mas quiso que siempre fuese santificado. Una cosa es emplear el domingo en obras de misericordia, en aliviar á los enfermos, y consolar á los afligidos; y otra es pasarlo en visitas, festines y placeres.    La manera como pasamos el domingo es un índice seguro de la naturaleza y grado de nuestras convicciones religiosas. Muchos hay de quiénes puede decirse con pesar; Estos hombres no son de Dios, porque no santifican el domingo.

En estos versículos se nos enseña, en seguida, hasta qué extremo puede la preocupación arrastrar á los malos. Los judíos habían convenido en que si alguno confesaba que Jesús era el Mesías fuese arrojado de la sinagoga. Estaban empeñados en no creer. Habían resuelto á no cambiar de parecer ni cejar ante ningunas pruebas. Á la manera que, años después, se taparon los oídos cuando Esteban predicaba, y rehusaron oír á Pablo cuando pronunciaba su defensa, así lo hicieron en la ocasión á que nos referimos.

La conducta que hemos de procurar imitar siempre es la de los habitantes de Berea, quiénes escucharon á Pablo con mucha atención la primera vez que lo oyeron predicar, y "recibieron la palabra con toda codicia" y "escudriñaron las Escrituras," comparando con ellas lo que habían oído. Por esa razón fue que, según se nos dice, "muchos de ellos creyeron."    Actos 17:11, 12. Se nos enseña, finalmente, que nada convence al hombre tan completamente como sus propias percepciones y sensaciones. Los incrédulos judíos procuraron en vano persuadir al ciego de que no se lo había hecho ningún bien. No pudieron obtener de él sino una sencilla respuesta: " Una cosa sé, que habiendo yo  sido ciego, ahora veo." No dijo que podía explicar como se había hecho el milagro, ó que sabía si el que lo había sanado era pecador ó no; pero sí afirmó decididamente que había sido curado. No permitió que lo hicieran descreer el testimonio de sus propios sentidos. A pesar de todo lo que los judíos pudieran decir, había dos hechos de los cuales se encontraba bien apercibido: " Habiendo yo sido ciego, ahora veo."

Para el cristiano no hay pruebas tan satisfactorias como estas. Por cortos que sean sus conocimientos, por débil que sea su fe, por confusos que sean sus conceptos en puntos de doctrina, si Jesucristo, por medio del Espíritu, ha cambiado su corazón, él siente dentro de sí mismo algo de cuya existencia nadie le podrá hacer dudar, y se dice á sí mismo: "Estaba en las tinieblas, y ahora veo la luz; rehuía á Dios, y ahora lo amo; tenia afición al pecado, y ahora le tengo odio; estaba ciego, y ahora veo." No estemos tranquilos, pues, hasta que no sintamos en nuestro interior el influjo renovador del Espíritu Santo. No nos contentemos meramente con llevar el nombre de cristianos. Sin duda que las sensaciones son á veces engañosas, y que ellas no deben formar el todo de nuestra vida religiosa; pero si interiormente no experimentamos sensaciones algunas en asuntos espirituales es mal indicio. El hambriento come y se siente vigorizado; el sediento bebe y siente apagada su sed. De por fuerza el que tiene en su pecho la gracia do Dios, ha de poder decir: " Siento su influjo."

NOTAS.    JUAN 10:13-25.

13. Le llevan á los fariseos, etc.    Según parece, los que tomaron parte principal en este acto fueron los vecinos del ciego. Ellos pensaron que un acontecimiento tan maravilloso como este exigía investigación.

14. Y era sábado, etc.    El Evangelista hace especial mención de esta circunstancia por dos razones, á saber:

1° Porque prueba que nuestro Señor estaba siempre pronto á hacer obras de misericordia en día sábado.

2° Porque explica el encono de los judíos para con nuestro Señor. Si se supone que no trascurrió intervalo alguno entre lo referido al final del capítulo 8 contenida en el 9, es sorprendente cuánto hizo nuestro Señor en un solo sábado. Desde el principio del capítulo 8 hasta el vers. 35 del 9 parece que no hay interrupción en la sucesión de los acontecimientos.  Es de dudarse, no obstante, si no hay una pausa al fin del 8.

15. Y le volvieron á preguntar también los fariseos, etc.    La pregunta que hicieron al ciego los fariseos fue exactamente la misma que le habían hecho sus vecinos.

Á este respecto Barnes observa: "La pregunta que debían haber hecho era si en realidad había sido curado, no de qué modo. La pregunta que debe hacerse acerca de la conversión de un pecador es si de veras ha tenido lugar, y no acerca del modo como se ha verificado."

El les dijo, etc. Son dignos de notarse la sinceridad y el denuedo con que el hombre refirió el suceso de su curación ante el más formidable tribunal de los judíos.

16. Entonces unos de los fariseos, etc. En este versículo aparecen de una manera prominente los dos bandos en que estaban divididos los fariseos. El uno, que contaba la mayoría, se componía de centenares de fanáticos adversarios da nuestro Señor que estaban prontos á echar mano de cualquier pretexto para mancillar su reputación. Ellos decían: "Este hombre no es de Dios. Es un hombre malo, porque no santifica el sábado."

El otro bando formaba la minoría, y los que lo componían fueron quiénes preguntaron: "¿Cómo puede un hombre malo hacer tales milagros?" Nicodemo, José de Arimatea y Gamaliel debieron de contarse en ese número. Véase Juan 3:2.

17. Vuelven á decir al ciego, etc. Esa disensión que hubo entre los miembros del concilio produjo, á lo menos, este buen resultado: que se tuvo por necesario examinar el caso más detenidamente y hacer ulteriores investigaciones. Esas investigaciones hicieron más patente la realidad del milagro.

Y el dijo: Que es un profeta. Esta expresión señala el principio de la fe del hombre que había recibido la vista; pues fue una manifestación de su creencia de que la persona que había hecho una, curación tan maravillosa debía de haber sido enviada de Dios para hacer grandes obras, como Elías y Elíseo.

18. Hasta que llamaron. Esta expresión merece especial atención. No quiere decir que después que hubieron llamado á los padres creyeron; que habían permanecido incrédulos hasta el tiempo en que los llamaron y luego empezaron á creer. Bien al contrario, el contexto prueba que aun después de que los hubieron llamado, permanecieron incrédulos.

"Llamaron," es decir, como testigos ante el tribunal.

20. Les respondieron sus padres, etc. El padre y la madre del ciego hicieron una relación de los hechos que no podía ser contradicha.

21. Mas como vea ahora.... ó quién le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos. En esto los padres dijeron probablemente la simple verdad. Hacia tan corto tiempo que la curación había tenido lugar, que bien podían ignorar el modo como se había verificado. Habiéndoseles hecho comparecer ante el tribunal apresuradamente, tal vez no habían tenido tiempo de conversar con su hijo.

23. Por eso dijeron, etc. Fue el temor de correr riesgo de ser expulsado, ó aun de que se les sospechara de estar á favor del que había curado á su hijo, que impulsó á los padres á trasladar á éste las preguntas que se les hicieron, y á rehusar expresar concepto alguno acerca de su curación.

24. Y le dijeron: Da gloria á Dios. Se interpretan estas palabras de dos modos distintos.

1". Algunos creen que quieren decir: "Tu estás en la presencia de Dios: dale gloria á Él diciendo la verdad."

2°. Otros creen que significan: "Da á Dios el honor y la gloria de vuestra curación. Es Él quien seguramente la ha efectuado, y no este hombre que os ha untado los ojos de lodo. El no puede haberos sanado, porque viola el sábado, y por lo tanto, es pecador." Preferimos esta interpretación.

 

Comentarios de J. C. Ryle

JUAN   9:26-41.

Se advierte en estos versículos cuánto mal entendidos son muchas veces los pobres que los ricos. El hombre á quién el Señor restituyó la vista era evidentemente un hombre de baja condición. Sin embargo, él percibió lo que los orgullosos gobernantes de los judíos no habían podido percibir, á saber: que el milagro que nuestro Señor había hecho era una prueba incontestable de que su misión era divina. "Si este hombre no fuera de Dios," exclamó, "no pudiera hacer nada." A la verdad, desde el día que recibió la vista hubo un cambio radical en el curso de su vida.

Lo misino puede observarse en otros pasajes de la Sagrada Escritura. Los siervos de Faraón veían "el dedo de Dios" en las plagas de Egipto, en tanto que el corazón de su señor permanecía endurecido. Los criados de Naaman reconocieron lo sabio del consejo de Elíseo, en tanto que su amo se iba lleno de ira. Los ricos, los grandes y los nobles son a menudo los que más se tardan en aprender lecciones espirituales. Los bienes que poseen y la elevada posición que ocupan les ofuscan el entendimiento y les impiden entrar en el reino cíe Dios. Escrito está que no muchos sabios según la carne, no muchos nobles, no muchos poderosos son llamados. 1 Cor. 1:26.

Se advierte, también en estos versículos, con cuánta crueldad é injusticia tratan á veces los hombres no convertidos á los que no están de acuerdo con ellos. No pudiendo los fariseos intimidar al hombre que había sido curado, resolvieron expulsarlo de la iglesia judía. Porque gallardamente rehusó descreer el testimonio de sus propios sentidos, lo arrojaron de su gremio y lo expusieron al escarnio del público.

Los perjuicios temporales que semejante acto acarreaba á la víctima eran, á la verdad, muy graves. Quedaba de hecho privado de los privilegios de la iglesia judía, y los verdaderos israelitas lo menospreciaban y le tenían recelo. Más no podían dañar su alma, porque lo que los malos ligan en la tierra no es ligado en el cielo. "La maldición sin causa nunca vendrá." Prov. 26:2.

En todos los siglos los hijos de Dios han tenido que sufrir vejaciones de ese linaje. La excomunión, la persecución y el aprisionamiento han sido siempre armas favoritas de los tiranos eclesiásticos. Incapaces, como los fariseos, de contestar argumentos, han recurrido á la injusticia y á la violencia. Que el discípulo de; Cristo se consuele con saber que hay una iglesia de la cual nadie puede arrojarlo, una lista de miembros de la cual nadie puede borrar su nombre. Aquel solamente es bienaventurado; y aquel solamente es réprobo á quien Jesucristo pronunciará como tal en el último día.

Se advierte, además, en estos versículos cuan grandes son la bondad y condescendencia da Jesucristo, acababa apenas nuestro hombre de ser expulsado de la sinagoga cuando Jesús se vio con él, lo dirigió palabras consoladoras, y se reveló á el de una manera más completa que á ninguna otra persona, salvo la mujer samaritana.

Este es un ejemplo entre muchos que nos dan á conocer el carácter del Salvador. Él percibe todo lo que su pueblo sufre por amor suyo, y se compadece de todos, de los más nobles así como de los más humildes. De todas sus pérdidas, padecimientos y persecuciones guarda estricta cuenta. ¿No está todo en su libro? El sabe llevarles consuelo al corazón en tiempos de necesidad, y dirigirles palabras de amor cuando todos los hombres parecen aborrecerlos. A la hora en que los hombres nos abandonan es que Jesús se acerca y nos dice: "No temas, que yo soy contigo: no desmayes, que yo soy tu Dios: que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia." Isa. 41:10.

Se advierte, por último, en estos versículos, cuan peligroso es poseer conocimientos si no hacemos buen uso de ellos. Los príncipes de los judíos estaban plenamente persuadidos de que poseían y conocían toda la verdad religiosa. Les causaba indignación hasta la mera idea de que fuesen ignorantes en ese respecto, ó que tuvieran los ojos cerrados á la luz espiritual. "¿Somos nosotros también ciegos?" exclamaron. Jesús, entonces, pronunció esa enérgica respuesta: "Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado; mas ahora decís: Vemos; por tanto vuestro pecado permanece."

Poseer conocimientos es sin duda un gran bien. El hombre que no puede leer y que ignora la Biblia completamente es digno de lástima, pues se halla á merced de cualquiera maestro falso que lo haga abrazar un credo absurdo ó á adoptar alguna práctica perniciosa. Puede decirse, casi sin limitación alguna, que cualquiera clase de instrucción es preferible á la ausencia de toda instrucción.

Mas cuando los conocimientos producen resultados puramente intelectuales, y ni tienen influjo ninguno sobre el corazón ni modifican la conducta, su posesión viene á ser peligrosa. Y cuando, además de esto, el que los tiene es presuntuoso y fatuo, y se imagina que lo sabe todo, los resultados para el alma son en extremo desastrosos. Hay más esperanza acerca del que dice: "Yo soy un miserable ó ignorante pecador, y necesito que Dios me dé sabiduría," que para el que siempre está diciendo: "Yo sé, yo sé, no soy ignorante," y sin embargo, no abandona sus pecados. El pecado de ese hombro "permanece."

Hagamos uso diligentemente de los conocimientos que sobre religión poseamos, y pidamos constantemente á Dios que nos conceda más. Que nuestra oración continua sea como aquella que tantas veces ofreció David y que se encuentra en el Salmo ciento diez y nueve: " El camino de tus mandamientos hazme entender; y meditaré en tus maravillas.'

NOTAS.    JUAN 0:20-11.

26.   Y le volvieron á decir....... ¿Cómo te abrió los ojos?   Nótese que la fe solo se fija en el resultado, y no en el modo ó en los medios que se hayan empleado. La incredulidad, por el contrario, rehúsa fijarse en el resultado, y se disculpa disputando la legitimidad del modo.

27. Les respondió, etc. El sentido de su contestación parece haber sido como sigue: "Ya he referido toda la historia, y nada tengo que agregarle. No obstante, cuando os la referí vosotros no me escuchasteis. ¿De qué sirve relatarla de nuevo? ¿Por qué queréis oírla otra vez?"

28. Entonces le vilipendiaron, etc. En este versículo puede notarse como una palabra dura atrae otra. El sarcasmo de los labios del hombre que había sido sanado motivó los insultos y el vilipendio de parle de sus interlocutores. Indudablemente les causó indignación la idea de que unos sabios como ellos se hiciesen discípulos de Jesús.

30. Le respondió el hombre, etc. Con este versículo el hombre empezó á hacer un argumento sencillo, pero irrefutable, que redujo á sus interlocutores á un completo silencio. "Hay en esto algo muy maravilloso. Es un hecho indudable que esta persona me ha abierto los ojos, es decir, que ha hecho un milagro sorprendente, y no obstante, en vista de ese milagro vosotros decís que no sabéis de dónde es Él ó quién le haya dado su poder."

31. Y sabemos que Dios, etc. De ese modo continuó el hombre su razonamiento. "Todos sabemos, y es un principio bien reconocido entre nosotros, que Dios no oye las oraciones dé los malos ni les da poder de hacer milagros. A los únicos que oye y á los únicos que concede aptitud para ejecutar obras maravillosas son á los que le temen y obedecen constantemente su voluntad."

32, 33. Desde el principio del mundo, etc. Estos dos versículos contienen la conclusión del argumento de nuestro hombre. El sentido es como sigue: "El abrir los ojos de un ciego de nacimiento es una obra tan fuera del alcance del hombre, que ninguno, desde que empezó el mundo, la ha ejecutado. Solo al poder divino es dado efectuarla. Pero este hombre ha obrado esa maravilla, y de ahí se sigue que evidentemente ha sido enviado de Dios. Si no fuera de Dios no podría hacer ningún milagro, y de ningún modo una obra tan portentosa como mi curación." Véase Juan 3:2.

Ningún peso tiene la objeción, hecha por algunos críticos alemanes, de que algunos cirujanos eminentes han restituido la vista á ciegos de nacimiento. Si así fuere, es bien seguro que no lo han hecho instantáneamente y con tales medios como fue curado el ciego de Jerusalén.

34. Respondieron, etc. Los fariseos tuvieron que percibir que el argumento del examinado era incontestable. Reducidos al silencio en presencia de todo el consejo, apelaron al vilipendio y la injuria.

La expresión "le echaron fuera" quiere decir algo más que arrojarle del local en donde estaban. En nuestra opinión significa que lo expulsaron del gremio de Israel. Después de la muerte, no había cosa, á que un judío le tuviese tanto horror como á una expulsión de esa especie.

35. Oyó Jesús que le habían echado fuera. Entre lo referido en el versículo anterior y lo narrado en el presente debe de haber trascurrido un intervalo; mas no se nos dice en dónde estaba ó qué hacia nuestro Señor durante ese intervalo. No es de suponerse que los sucesos relatados en este versículo y en los que le siguen, y en la primera parte del capítulo décimo, tuvieran lugar el mismo día que el ciego fue curado. Además las mismas palabras de que venimos tratando dejan comprender, que había trascurrido tiempo suficiente para que se circulase en Jerusalén la noticia de la expulsión.

Un eminente escritor dice: "¡Qué hombre tan feliz! Habiendo sido arrojado de la sinagoga encuentra el cielo."

37. Y le dijo Jesús, etc. Es de notarse cuan completa fue la revelación que Jesús hizo de sí mismo en el caso de que nos ocupamos.

38. Y le dijo: Creo, Señor. Esta profesión de fe hecha con tanta prontitud parece indicar que el ánimo del hombre había sido preparado por el Espíritu Santo durante el tiempo que se había trascurrido desde el momento de su curación. Cuánto más pensaba en el milagro y en la persona que lo había obrado, más inclinado se sentía á creer en Él como en el Mesías.

Y le adoró.    Ese fue algo más que una manifestación de respeto y veneración; fue el culto tributado á un Ser que parecía ser el mismo Dios.

39, Y dijo Jesús: Yo para juicio, etc. No se contradicen, como á primera vista parece, estas palabras y las contenidas en Juan 3:17 y 12:49. Es cierto que nuestro Señor no vino al mundo á ser Juez, sino Salvador. Mas también es que vino á producir una divergencia ó separación entre los hombres, y á ser causa de que la luz penetrase en algunas mentes que habían estado ofuscadas y de que más espesas tinieblas cubriesen á los que, antes de su venida, se jactaban de estar llenos de luz.

Agustín observa: "El juicio que Jesucristo trajo á la tierra no fue aquel con el cual juzgará á los vivos y á los muertos al fin del mundo. Fue más bien una especie de diferenciación por medio de la cual distinguió la causa de los que creen de la de aquellos que piensan en su orgullo que ven, y por lo tanto su ceguedad empeora."

40. Y le dijeron: ¿Somos nosotros también ciegos? No es posible creer que esa pregunta fuera hecha de buena fé. Es como si hubieran dicho: "¿Y en qué clase nos cuentas? Somos nosotros del número de los que tú llamas ciegos. ¿Osas decir que nosotros, siendo como somos doctores de la ley, no vemos ni entendemos nada?"

41. Les dijo Jesús: Si fuerais ciegos, etc. Superfluo seria observar que nuestro Señor no quiso decir que la ignorancia exime al hombre de toda responsabilidad. Solo quiso dar á entender que un ignorante es menos culpable que el que posee luces y conocimientos, pero no los aprovecha.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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